Sunday, April 20, 2008

Laicismo, Estado e Iglesia

A juicio de Benedicto XVI el laicismo es una postura agresiva de los no creyentes que pretenden arrinconar e incluso perseguir a la Iglesia, en la medida en que ésta predica una verdad absoluta y nosotros, los laicistas, no creemos en la existencia de ninguna verdad, pues somos relativistas. Y eso no es verdad, porque no debe verse relativismo alguno en el laicismo.

El laicismo llama a una postura universalista de respeto al pensamiento de cada quien y, particularmente, de su creencia religiosa o del hecho de no tener ninguna. La igualdad de los ciudadanos independientemente de su postura frente al fenómeno religioso, es parte indisoluble de la igualdad ante la ley y de un Estado de Derecho en el cual la legislación está por encima de los intereses particulares.

El Estado Laico implica además la autonomía del Estado, la independencia entre la ley civil y las normas religiosas o filosóficas particulares, por lo que el laicismo es parte de la soberanía del país. Caso contrario, nos ponemos por debajo de las decisiones de un organismo distinto a los elegidos por los ciudadanos, como puede ser el caso del Vaticano.

Una falsedad mantenida es que el laicismo es una imposición. Absurdo, pues permite por el contrario la libertad de conciencia y de cultos, no los impide ni pone uno de ellos por encima de otros sino que los garantiza, por supuesto siempre y cuando no atenten a los derechos humanos y a las leyes penales, pues no se puede justificar asesinatos o pedofilia como si se tratase de un asunto de fe. Así, toda fe religiosa y filosófica, incluyendo las ateas, agnósticas y otras, tendrán la misma posibilidad de expresar su pensamiento, de practicar sus ritos, si los tuvieren, y de sentirse en plena igualdad de condiciones con las demás.

Los opuestos al laicismo creen poseer la verdad indiscutible y se sienten con el derecho de imponerla a los demás. Los opuestos al laicismo tienen, por tanto, una inclinación autoritaria que explica que Bush acuda al nombre de Dios para invadir Irak, que Al-qaida también recurra al nombre de Dios para sus actos terroristas o que la cúpula del Vaticano haya pactado con Hitler, al que nunca desmintió cuando decía que mataba a judios en cumplimiento de un mandato bíblico. El debate es, entonces, entre laicismo o autoritarismo. Y todos sabemos que el autoritarismo no es democracia.

El laico, por el contrario, estará dispuesto a poner todo en la mesa de discusión, menos el derecho a disentir, a pensar diferente, a asumir como derecho personal y privado el derecho a ser parte o no de un credo. El laicismo no impone ni la fe ni la falta de fe, solo garantiza la separación entre una creencia personal y el Estado que nos debe cobijar a todos, con la diversidad que sea.

Uno de los derechos humanos es precisamente el de la libertad de culto. Siendo el Estado el obligado a garantizar la vigencia de los derechos humanos, la única forma de hacerlo es declarándose laico y eso significa neutral y separado de toda fe religiosa, sin apoyar a ninguna ni económicamente ni de otro modo, fortaleciendo la educación laica, renunciando al uso de todo símbolo religioso, ratificando la separación de las prácticas públicas y privadas, sosteniendo la igualdad ante la ley y evitando los conflictos de origen religioso que se dan cuando hay sentido de imposición de una fe sobre otra.

Una última aclaración es que el laicismo es una propuesta clara, que pone a todos los credos filosóficos y religiosos en la misma condición y la idea de que la ley debe cobijar a todos. Esto no puede expresarse como “Estado multiconfesional” porque este termina siempre en una suerte de comunidades cerradas, mientras el laicismo abre el diálogo y mutuo respeto.

En resumen, el laicismo es garantía de derechos humanos fundamentales, es condición de la vida democrática, componente de la soberanía y respeto real a las distintas posiciones de pensamiento

Posted by libertad43 in 07:38:42 | Permalink | No Comments »

¿Se puede prescindir de la religión?

El retorno de la religión adquirió, durante estos últimos años, una dimensión espectacular y a veces inquietante. Occidente no se encuentra a resguardo de este fenómeno. Lo que regresa es el dogmatismo, en muchas ocasiones acompañado por el oscurantismo, el integrismo y el fanatismo. Sería una equivocación que les regalásemos el terreno. El combate de la ilustración sigue vivo, pocas veces ha sido tan vigente. Se trata de un combate por la libertad. ¿Estás dispuesto a sumarte, o prefieres vivir de rodillas?

Durante la semana que los cristianos denominan “santa” y que en mi ciudad, Asunción, se estuvo lejos de vivir ese concepto, me tomé el tiempo, a raíz de éstos días feriados, de leer detenidamente El alma del ateísmo, de André Comte-Sponville, donde plantea, filosóficamente, tres preguntas: ¿Podemos prescindir de la religión? ¿Existe Dios? ¿En qué consiste la espiritualidad de los ateos? Argumenta con un lenguaje sencillo que lo verdaderamente importante no es Dios, ni la religión, sino la vida espiritual. Que lo fundamental no es la fe en algo cuya existencia desconocemos, sino la fidelidad, que es lo que queda de la fe cuando se ha perdido.

Esta nota se enfoca en la primera cuestión, donde resumo la noción general con las que Comte responde y sumo nociones personales al argumento. ¿El combate del que hablamos es contra la religión? Sería equivocarse de adversario. Más bien a favor de la tolerancia, el laicismo y la libertad de creencia o de incredulidad. El oscurantismo, el fanatismo y la superstición me producen horror. La espiritualidad, un bien demasiado precioso para dejar en manos de éstos. La tolerancia, otro bien para dejarlo en manos de la indiferencia. Este combate se denomina: Laicismo.

Comencemos por lo más fácil. Por definición lo absoluto nos supera. Las religiones, no. Estas son humanas y en cuanto tales accesibles al conocimiento y a la crítica. Ellas forman parte de la historia, la sociedad y el mundo, no sus doctrinas, todas mitológicas.

Sobre la posibilidad de vivir sin religión, supone primero que sepamos de qué hablamos al hablar de religión. Para ello necesitamos una definición. Se cita con frecuencia, por lo aclaratoria que es, la que daba Durkheim, en el primer cápitulo de Las formas elementales de la vida religiosa: “Una religión es un sistema solidario de creencias y prácticas relativas a las cosas sagradas; es decir, separadas o prohibidas, creencias y prácticas que reúnen en una misma comunidad moral, llamada Iglesia a todos aquellos que se adhieren a ellas”. Así, todo teísmo es religioso, pero no toda religión es teísta.

La definición de Durkheim, centrada en las nociones de sagrado y de comunidad, nos ofrece el sentido amplio, sociológico de la palabra “religión”.

Una segunda definión la plantea Comte, más teológica o metafísica. “Una religión es casi siempre una creencia en una o varias divinidades”. Así, la necesidad de creer tiende a prevalecer sobre el deseo de libertad. Evidentemente el judaísmo, el cristianismo y el islamismo son religiones, en el sentido estricto que define el filósofo francés.

¿Cuál es la mayor fuerza de las religiones?, se plantea Comte y responde: No consiste en tranquilizar a los creyentes respecto de su propia muerte. Quizás necesitan un dios para consolarse, para escapar, este es el sentido de Kant, de los “postulados de la razón práctica” del absoluto y la desesperación, o sencillamente para dar una coherencia a sus vidas.

Sosteniéndose en Epicuro explica que la fortaleza está al afrontar la muerte de los seres queridos. Lo que la religión aporta no es únicamente un posible consuelo, la promesa de volver a encontrarse en el paraíso, sino también un ritual necesario, un ceremonial que ayuda a afrontarla, a integrarla, y en definitiva a aceptarla. La fuerza de la religión, en estos momentos, no consiste en otra cosa que en nuestra propia debilidad frente a la nada y más la debilidad de nuestros seres queridos.

Ante este escenario, ¿se puede prescindir de la religión? Desde el punto de vista individual, es a la vez simple y matizado: hay individuos, de los que formo parte, que se las arreglan muy bien sin ella. La tolerancia es la única respuesta satisfactoria para nuestra pregunta así entendida.

Pero la palabra “se”, que da entrada al título, puede designar asimismo a una colectividad, una sociedad, e inclusive a la humanidad en su conjunto. La pregunta adquiere entonces un sentido muy diferente, menos individual que sociológico.

Aquí todo depende no ya de quién, sino de qué se habla. Todo depende de qué se entiende por religión. Si entendemos la palabra en su sentido occidental y restringido, como la creencia en un dios personal y creador, entonces la pregunta se resuelve históricamente. Una sociedad puede prescindir de religión. El confucianismo, el taoísmo y el budismo desde hace mucho lo han probado; así también la desaparición de grandes religiones, como el mitraísmo.

En cambio, si tomamos la palabra “religión” en sentido amplio o etnológico, la pregunta sigue abierta. La historia, por mucho que nos remontemos al pasado, no registra sociedad completamente desprovista de ella. No conocemos ninguna gran civilización sin mitos, sin ritos, sin sacralizar, sin creencias en fuerzas invisibles o sobrenaturales, en suma, sin religión. La diferencia de todas ellas con el cristianismo es que nadie en la antigüedad pretendió en serio que sus dioses fuesen personajes históricos. ¿Debemos concluir que siempre será así? Con la religión sucede lo mismo que con la bolsa; los resultados pasados no prejuzgan los resultados futuros.

Tal vez la etimología pueda echarnos alguna mano. ¿Cuál es el origen de la palabra “religión”?. La respuesta más frecuentemente escuchada me parece la más dudosa. Varios autores, desde Lactancio o Tertuliano, pensaban que el latín religio viene del verbo religare, que significaba “religar”. Se dice entonces que la religión es lo que religa. Si se supone que todo vínculo es religioso, como sugiere la etimología, ninguna sociedad podría prescindir de la religión. La presuposición de que todo vínculo es religioso equivale a vaciar el concepto de religión de cualquier sentido razonablemente preciso y operativo.

Lo que vincula a los creyentes entre sí, desde el punto de vista de un observador ajeno, no es un dios, cuya existencia puede ser dudosa, sino el hecho de que comulgan en la misma fe. Esta definición, según Durkheim, es el verdadero contenido de la religión, pues favorece la cohesión social al reforzar la comunión de las conciencias y la adhesión a las reglas del grupo. A esto es lo que se llama la “comunión”, comulgar es compartir sin dividir. Parece paradójico, de hecho cuando se trata de bienes materiales resulta imposible; en cambio, se puede comulgar en el placer de comer juntos una rica cena.

Considero, junto con Comte, que la segunda etimología es la más verosímil. Muchos lingüistas piensan, como hacía ya Cicerón, que religio proviene más bien de relegere que podía significar “recoger” o “releer”. En este sentido, la religión es lo que se recoge o se relee: los mitos, los textos fundadores, una enseñanza, uno o varios libros, una lectura, principios, regla; en resumen, una revelación o una tradición pero asumida, respetada, interiorizada, al mismo tiempo, individual y común. La religión según esta etimología es el amor por una palabra, una ley, o un libro.

A base de recoger o releer las mismas palabras, se acaba por comulgar en las mismas creencias. Releemos, luego vinculamos. Sinceramente, ¿sentís la necesidad de creer en un dios para pensar que la sinceridad es preferible a la mentira; que el valor es preferible a la cobardía; que la generosidad es preferible al egoísmo. La fe es una creencia, la fidelidad, un compromiso y un reconocimiento.

Concluyendo, una sociedad puede prescindir perfectamente de religión, en el sentido occidental y restringido de la palabra, quizá también podría prescindir de lo sagrado o de lo sobrenatural, pero no puede prescindir de comunión, ni de fidelidad. Esta exigencia es válida para todas las civilizaciones.

¿Creer o no creer en un dios? La cuestión de la fe no podría eclipsar a la cuestión de la fidelidad. Ya no es la religión la que funda la moral, sino la moral la que funda la religión. La pérdida de la fe no altera para nada el conocimiento: sopere aude, como decía Kant; atrévete a pensar, a utilizar tu entendimiento; atrévete a distinguir entre lo posiblemente cierto y lo ciertamente falso. Lo que le confiere valor a la vida humana no es el hecho de que la persona en cuestión crea o no en un dios. Lo que da valor no es la fe, tampoco la esperanza, sino la capacidad de amor, compasión y justicia de que somos capaces.

No esperemos a ser salvados para ser humanos.

El estado del laicismo en España

España no es, ciertamente, un Estado confesional, como lo fuera durante el nacionalcatolicismo. Pero tampoco es un Estado ateo que persiga a las religiones, o laicista que las recluya en los espacios de culto o en la esfera privada. Todo lo contrario, las manifestaciones públicas de la religión católica están a la orden del día: desde las declaraciones de obispos y otros colectivos cristianos hasta las procesiones, pasando por los actos religiosos celebrados en espacios públicos como la concentración por la familia cristiana en la plaza de Colón. Así lo revela Juan José Tamayo, director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones de la Universidad Carlos III de Madrid y autor de Desde la heterodoxia. Reflexiones sobre laicismo, política y religión, en una tribuna que publica hoy El País.

Tampoco es un Estado laico que haya logrado la total separación entre la Iglesia y el Estado y la autonomía de la política respecto a toda tutela religiosa. Quedan todavía importantes restos de confesionalidad en la vida pública y continúa el trato de favor de los distintos Gobiernos de la democracia hacia el catolicismo, incluido el actual, como reconocen los propios dirigentes socialistas.

El ejemplo más palmario contra la laicidad del Estado ha sido el acuerdo estable e indefinido de financiación firmado por la Santa Sede y el Gobierno español, por el que se incrementó la asignación a la Iglesia católica a través de la recaudación del IRPF. ¡Sorprende la facilidad con que la Iglesia católica ha conseguido lo que, tras años de lucha, no han logrado las organizaciones no gubernamentales, que vienen reclamando en vano el 0,7% para proyectos de desarrollo en el Tercer Mundo!

Este incremento contradice el propio acuerdo económico entre la Santa Sede y el Gobierno español de 1979, en el que “la Iglesia católica declara su propósito de lograr por sí misma los recursos necesarios para la atención de sus necesidades” (artículo 2.5). Con la fórmula actual vamos en dirección contraria a la autofinanciación. Además, el actual modelo de financiación incumple el principio de igualdad, reconocido en la Constitución, y es discriminatoria para con las otras confesiones religiosas, a las que los declarantes que lo deseen no pueden destinar el 0,7% en su declaración de la renta. Si el Acuerdo de 1979 era anticonstitucional, el incremento actual lo es por partida doble.

La elección del cardenal Rouco Varela como presidente de la Conferencia Episcopal Española va a dificultar todavía más el camino hacia el laicismo en nuestro país, asegura Tamayo. Así lo demuestran su oposición numantina al Gobierno socialista, su alianza con el PP y su cruzada contra determinadas leyes adoptadas en la legislatura recién terminada, como la del matrimonio homosexual, la de Memoria Histórica, la de Educación para la Ciudadanía, el divorcio exprés o la LOE.

Hace un par de meses, José Blanco afirmaba que el comportamiento del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero con la Iglesia católica “ha sido exquisito”, y que el acuerdo de financiación “ha sido cuestionado por buena parte de la sociedad y por muchos votantes del PSOE, y nada tiene que ver con el trato a la Iglesia católica en la Unión Europea”. José Bono ha ido más lejos todavía al declarar que “no hay ningún país en el mundo que trate a la Iglesia católica mejor que España”.

Otro ejemplo de trato favorable al catolicismo es la Ley Orgánica de Educación, que mantiene la oferta obligatoria de la religión en todos los colegios -públicos, concertados y privados-, y que en todos los niveles de la enseñanza escolar, desde la infantil hasta el bachillerato, considera la asignatura evaluable y mantiene la alternativa.

En una muestra más de injerencia clerical y de transgresión de las normas de acceso del profesorado a la docencia, los obispos siguen detentando el privilegio de nombrar y cesar a los profesores de religión, cuando es el Estado el que los contrata y paga.

La influencia de la Iglesia católica en el Parlamento se ha demostrado en la elaboración de la ley que regula la asignatura de Educación para la Ciudadanía que, según confesión del embajador de España en el Vaticano, Francisco Vázquez, fue negociada con la Santa Sede “para obtener una pax con Roma” (¡Ya sabemos lo que implicaba la pax romana!). Para ello hubo que eliminar del temario de la nueva asignatura los puntos que pudieran entrar en colisión con la doctrina y moral católicas, como el aborto o el matrimonio homosexual. A estas concesiones hay que sumar otra más preocupante todavía: la adaptación de la asignatura al ideario de los centros católicos para evitar el boicot con el que amenazaron los colegios confesionales.

Tampoco dice mucho a favor de la laicidad del Estado la reiterada presencia de representantes de las distintas instituciones públicas -estatales, autonómicas y municipales- en ceremonias religiosas de profundo significado simbólico, como procesiones, funerales católicos llamados “de Estado”, elevación de obispos españoles al cardenalato, canonizaciones, beatificaciones, etcétera. Esa presencia choca con la no menos reiterada ausencia de autoridades políticas del mismo rango en actos de otras confesiones religiosas.

Me parece bien que el Gobierno y el PSOE respondieran “poniendo las cosas en su sitio” a las provocaciones de algunos obispos que en la concentración del 30 de diciembre cuestionaron el Estado de derecho. También que reaccionaran críticamente a la nota de la Permanente de la Conferencia Episcopal Española emitida el pasado 30 de enero, que pedía implícitamente que no se votara al PSOE. Pero no es suficiente.

Hay que pasar de las palabras a los hechos y avanzar hacia la construcción del Estado laico, que no es contrario a ninguna religión o ideología, sino que respeta la libertad de conciencia y la libertad religiosa. El primer paso ha de ser, a mi juicio, la revisión de los Acuerdos con la Santa Sede y con las confesiones de notorio arraigo (islam, judaísmo, iglesias evangélicas), que hoy resultan a todas luces anacrónicos. Anacronismo que será más acusado cuanto más se tarde en revisarlos. Así se liberaría al Gobierno, a cualquier Gobierno, de la atadura de pies y manos a la que se ve sometido ahora en materia religiosa.

La revisión lleva derechamente a suprimir la financiación a la Iglesia católica y a no extenderla a otras religiones, y a sustituir la enseñanza confesional de la religión en la escuela por la enseñanza laica de la historia de las religiones, que contribuirá, sin duda, a superar el analfabetismo religioso, a eliminar el carácter confesional de la escuela, a fomentar el respeto y la actitud crítica hacia las religiones.

Es necesario, asimismo, elaborar una nueva Ley de Libertad de Conciencia y Libertad Religiosa, que sustituya a la actual Ley Orgánica de Libertad Religiosa, superada por los profundos cambios sociorreligiosos producidos en la sociedad española en los últimos treinta años, entre los que cabe citar: la secularización de la sociedad española, el avance de las distintas manifestaciones de la increencia, el crecimiento numérico de otras religiones distintas de la católica, la implantación de nuevos movimientos religiosos, etcétera.

A estas dos medidas habría que sumar una tercera: la elaboración de un estatuto de laicidad en todos los ámbitos de la función pública, nacional, autonómico y municipal, que evitaría la confusión entre religión y política actualmente reinante cuando las autoridades políticas en cuanto tales participan -e incluso presiden- ceremonias religiosas.

Con estas propuestas no se pretende eliminar a las religiones de la vida pública, sino hacer realidad el Estado laico, marco político donde caben las diferentes creencias y no creencias en igualdad de condiciones. Todavía es posible corregir el camino y enfilar la senda del laicismo. Para ello hacen falta voluntad política, apoyo de la ciudadanía y colaboración de las propias religiones.

Este artículo de Tamayo es imprescindible para conocer cuánto queda por lograr implementar y sostener la laicidad en nuestros países. Ya que está terminando de leer este post, sería interesante que comente cómo va la laicidad en su país. El diálogo queda abierto

Posted by libertad43 in 07:37:51 | Permalink | No Comments »

La nueva contrarreforma

Enrique Gil Calvo, profesor titular de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid, escribió hace unos días en el diario El País, de España, sobre el avance del Vaticano hacia una nueva contrarreforma, esta vez dirigido contra la secularización actual (cientifismo, globalismo, hedonismo, individualización, etcétera) que también pretende recuperar la influencia de la Iglesia católica sobre el espacio público. Una influencia que se había perdido por la retirada religiosa hacia la esfera privada, efectuada a partir de los años 60 y confirmada por el Concilio Vaticano II, pero que dos acontecimientos ocurridos con el cambio de siglo brindan la ocasión de neutralizar e invertir, tratando de recuperar su antigua influencia política en decadencia.

La Contrarreforma del siglo XVI fue un movimiento reactivo dirigido contra el primer racionalismo individualista (humanismo, erasmismo, luteranismo, calvinismo, cartesianismo, etcétera) que buscaba recuperar el control cultural sobre el poder político. Un control cuyo monopolio había perdido el papado a causa de la reforma protestante y que en parte logró recuperar reformando en profundidad sus prácticas organizativas y discursivas.

¿A qué acontecimientos me refiero? Ante todo, a la crisis de la izquierda derivada del fin de la guerra fría, que ha dejado a la religión sin adversario ideológico. En efecto, como resume Gauchet, la primera secularización significó una transferencia de sacralidad desde las religiones públicas oficiales hacia las ideologías políticas redentoras o salvacionistas: comunismo, socialismo, nacionalismo, etcétera. Pero el efecto corrosivo de la secularización más reciente también ha terminado por socavar la creencia en estas nuevas religiones políticas, pues hoy, tras el fin de las ideologías, ya nadie presta crédito al paraíso del proletariado ni a la sociedad sin clases. De ahí que, al declinar su vieja rival agnóstica -la izquierda anticlerical-, parezca llegado el momento de que las antiguas religiones se tomen la revancha, tratando de recobrar para sí una nueva contra-transferencia de sacralidad.

Es el segundo acontecimiento al que aludí antes, bautizado por Kepel como la revancha de Dios. Tras la pérdida de relevancia movilizadora del socialismo y el nacionalismo como estrategias antiimperialistas, su vacío ideológico fue ocupado por las religiones mesiánicas, que a partir del ejemplo de la revolución islámica de Jomeini comenzaron a proliferar por todas las culturas colonialmente sometidas en abierto desafío a la hegemonía occidental.

El ariete más visible de estas nuevas religiones políticas de combate antisistema es la nueva yihad islamista, pero también incluye la insumisión de otras culturas emergentes: confucianismo, hinduismo, negritud, indigenismo, etcétera. Semejante desafío religioso a escala global ha provocado como reacción (backlash) el resurgir del integrismo cristiano liderado por los telepredicadores evangelistas, que desde el profundo sur estadounidense ha reconquistado con eficaz activismo mediático un lugar protagonista para el populismo religioso en la esfera pública de las democracias occidentales.

Y aunque sea con algún retraso, la Iglesia católica no podía quedar descolgada de esta reciente politización de las religiones, que genera como consecuencia la clericalización de la política.

Pero todo esto parecería cosa pasada o más de lo mismo si no fuera por una innovación radical en la metodología del catolicismo, haciendo que pueda hablarse de contrarreforma y no de mera continuidad histórica. Me refiero al recurso sistemático a técnicas de agitación mediática y movilización callejera, promovidas por el anterior papa Wojtyla, que se hallan en las antípodas de la tradicional práctica eclesiástica. Es un nuevo tipo de apostolado populista que no busca congregar fieles en torno a liturgias redundantes, sino que pretende convocar militantes y sacudir conciencias mediante la provocación de acontecimientos mediáticos: visitas papales, manifestaciones políticas, congresos apostólicos y denuncias proféticas contra el poder instituido. Todo ello, además, no con vistas a celebrar y conservar el orden vigente, sino al revés, con la intención de cuestionarlo y deslegitimarlo, denunciando su injusticia y exigiendo su rectificación. Y el mejor ejemplo es la estrategia esgrimida por el episcopado español contra el Gobierno socialista, que busca provocar su reacción anticlerical para poder hacerse la víctima inocente de una persecución laicista.

Así, la Iglesia católica deja de actuar como una estructura institucional de dominación burocrática, articulada en torno a seminarios y parroquias, para transformarse ritualmente (en términos de Turner) en una communitas o anti-estructura contra-institucional, que se realimenta mediante performances efímeras pero memorables por escandalosas. Unas técnicas de apostolado carismático y movilización populista que sólo son viables cuando se esgrimen contra el gobierno del enemigo de izquierdas, y que por ello trascienden al catolicismo canónico para dejarse contagiar por las técnicas de agitación subversiva del sectarismo protestante o la yihad islamista. Es la nueva guerra santa emprendida contra el ‘relativismo’ por este papado contrarreformista.

Por su parte, Adolfo García Ortega, escritor español, escribió para el citado diario que la religión Católica es el ejemplo más claro de una concepción reaccionaria de la vida. Coincide con su viejo enemigo el islam en añorar la Edad Media y oponerse al progreso hacia la libertad

En el marco del retrogradismo, la Iglesia católica y el islam, viejos enemigos mutuos a sangre y fuego, están íntimamente unidos, hasta el punto de coincidir en lo más paradigmático de su esencia común: la manipulación de la verdad, y con ello la manipulación de las vidas y los derechos de las personas, evitando su progreso hacia la libertad y legislando el hechizo inmovilista del origen, del pasado perfecto del que nunca se debió haber salido. El islam nunca ha ido hacia adelante, tiene un efecto lastre para sus fieles. La Iglesia católica también lastra a los suyos con la imposición de su doctrina ancestral a lo largo de una historia tortuosa.

¿Alguna vez se fue lo retrógrado del ámbito definitorio de católicos y musulmanes? No, nunca desapareció, siempre estuvo ahí, controlando las sociedades de sus fieles creyentes. Por lo que respecta a la Iglesia, a lo sumo tuvo menos peso incidental en algunas épocas, o quizá hubo un tiempo en que los aires de la Iglesia, impulsados desde Roma por un Papa diferente, fueron más dialogantes y liberales, pero desde la llegada de Juan Pablo II, un titán del retrogradismo, se inició un descenso hacia la añoranza de un pasado que, de pronto, nada impedía que volviera a instaurarse. ¿Por qué no? El Vaticano lo entendió enseguida. Era cosa de que la Iglesia ejerciera lo que más había acumulado: el poder, nada más. De esa añoranza, las misas en latín no son más que un indicio casi folclórico, comparado con la demonización del aborto en el Tercer Mundo por parte de Juan Pablo II, por ejemplo. Lo retrógrado, además, encierra un mensaje, útil para católicos y musulmanes: la Edad Media es buena para todos. ¿Por qué no volver a aquellos buenos tiempos en los que corría a sus anchas ese fuego y esa espada con que ambas religiones lo medían y ordenaban todo?

Lo retrógrado (ya se sabe: de retro, hacia atrás, y grado, paso, marcha) tiene por horizonte el regreso. Mejor dar pasos atrás -y regresar al origen de donde partimos-, que avanzar hacia donde sea, hacia un lugar que siempre será incierto, aunque prometa la felicidad y la liberación. Mejor volver que progresar. Mejor incluso no salir de casa (de la Ley, de la Doctrina, de la Palabra del Profeta) que aprender la diversidad del mundo. Mejor nosotros solos que aceptar a los otros. Y sobre todo aplicar este principio: esos otros están siempre equivocados, por tanto son prescindibles para nuestra verdad (que es la Verdad) sencillamente por ser eso, otros.

La Iglesia, en materia de valores, siempre ha estado detrás de la sociedad, impidiendo su avance, y se alía con quienes tienen ese impedimento como idiosincrasia política: la derecha ultraderechizada. Se encastilla en valores retrógrados, que son aquellos que conllevan miedo, coacción, hipocresía, dominio, intolerancia, odio, sojuzgamiento.

La pugna entre secularismo y religión


¿Se puede hablar de un retorno de la religión en las sociedades secularizadas? ¿Estamos ante un fenómeno pasajero o ante un cambio de fondo, como si la cruzada del presidente Bush encontrara eco en Europa?

La conversión de la lucha antiterrorista en conflicto de civilizaciones ha retornado a las religiones todo su protagonismo. El concepto de civilización otorga a la religión el carácter de elemento identitario determinante. “No conozco civilización -dijo Sarkozy en Riad- que no tenga raíces religiosas”, una cachetada al estado laico francés.

La pugna en Francia
El 20 de diciembre de 2007 Nicolás Sarkozy pronunció un discurso en Roma, en el Palacio de San Juan de Letrán. “Un hombre que cree”-dijo el presidente francés- “es un hombre que espera. Y es del interés de la República que muchos de sus hombres y de sus mujeres esperen”. Sarkozy parecía dar la razón a aquellos que piensan que la religión se justifica por su utilidad, por su habilidad para preparar a los ciudadanos para asumir resignadamente los avatares y las pruebas a que les somete un mundo paradójico. Pero el presidente iba más lejos: “una moral laica corre siempre el riesgo de agotarse cuando no está adosada a una esperanza que colme la aspiración al infinito”.

Y remató el ataque a la cultura laica con estas palabras: “En la transmisión de los valores y en el aprendizaje de la diferencia entre el bien y el mal, el maestro no podrá reemplazar nunca al cura o al pastor, aun siendo importante que se les acerque, porque siempre le faltará la radicalidad del sacrificio de su vida y el carisma de un compromiso conducido por la esperanza”. Sarkozy disparaba directamente contra la institución esencial de la laicidad republicana: la escuela.

La pugna en Turquía
Al grito de “¡Turquía es laica y seguirá siéndolo!”, unas 100.000 personas protestaron (foto) esta semana en esta ciudad contra la enmienda constitucional aprobada por el Parlamento turco que permitirá el uso del velo islámico en las universidades, por considerar que es un paso hacia la imposición de la sharia (ley islámica) en el país.

La prohibición del uso del velo en las universidades, uno de los pilares del estado laico en Turquía, se quebró definitivamente en el Parlamento de Ankara. El Gobierno del islamista moderado Recep Tayyip Erdogan sacó adelante, con el apoyo de un partido ultranacionalista, una revisión de la Constitución que acaba con el veto en los campus a las alumnas que cubren su cabeza con el pañuelo islámico, práctica que secundan dos de cada tres mujeres turcas. La prohibición del velo sigue vigente para profesoras y funcionarias.

La poderosa elite que defiende a ultranza una Turquía laica, por el contrario, afirmó que la reforma es un primer paso para imponer medidas similares en la administración pública y en otros niveles educativos (en los que el velo sigue estando prohibido), y para socavar el sistema de gobierno laico, fundado por Mustafa Kemal Ataturk, en 1923.

En un país en el que el 99 por ciento de la población es musulmana, la oposición laica, que incluye al ejército, jueces y dirigentes universitarios, también teme que tras esta reforma las mujeres empiecen a recibir presiones para usar el velo. “Las cabezas de muchas niñas jóvenes son afeitadas por sus hermanos para obligarlas a utilizar el velo”, denunció Baytok, cuyo partido informó ayer que apelará la medida ante la Corte Constitucional. Por su parte, las autoridades universitarias, advirtieron que el uso del velo podría generar enfrentamientos en los campus.

La pugna en Inglaterra
Unas declaraciones del arzobispo de Canterbury, Rowan Williams, han desencadenado una intensa polémica en el Reino Unido. Williams propuso esta semana que el ordenamiento jurídico británico incorporase la ley islámica, la sharía, para mejorar la relación con los musulmanes. El arzobispo intervenía, así, en el debate acerca del sistema multicultural británico, agudizado tras los atentados de Londres. Frente a las voces que proponen revisar los rasgos más acusadamente comunitaristas, Williams sugiere llevarlos hasta sus últimas consecuencias.

La posición del arzobispo es un error. Los Estados democráticos contemporáneos se construyeron sobre la base del fuero territorial de la ley, opuesto al fuero personal que regía en las sociedades estamentales. La creciente hostilidad contra los musulmanes en el Reino Unido tendría que combatirse con instrumentos políticos, esforzándose en deshacer la injusta e inaceptable equivalencia entre islam y terrorismo. En lugar de recurrir a esos instrumentos, lo que Williams propone no es sólo una modificación legal, sino una transformación de la concepción de la ley en el sistema democrático. Una sociedad de ciudadanos no es compatible con un ordenamiento jurídico en el que cada grupo social o de creyentes se rija por sus propias normas, como si fuese un sistema de castas.

En cualquier caso, las declaraciones del arzobispo de Canterbury parecen inspiradas por el deseo de preservar la situación de privilegio de la Iglesia anglicana más que por benevolencia hacia la comunidad musulmana. Suenan a alianza táctica entre creyentes, apoyada en razones semejantes a las que el papa Ratzinger adujo en su día para condenar las caricaturas de Mahoma publicadas por el diario danés Jylland-Postens. La fragilidad de esta alianza -que, sin embargo, puede provocar un grave deterioro del sistema democrático- se demostró en el discurso de Ratisbona, con el que Ratzinger irritó a los seguidores del islam.

La respuesta del Gobierno de Gordon Brown no ha sido tan contundente como cabría esperar. Puede que el motivo último de esta tibieza resida en la confesionalidad del sistema político británico. Proclamar la separación entre la religión y el Estado afectaría no sólo a los musulmanes, sino también a la Iglesia anglicana.

¿Qué es un país laico?
Un Estado en que las iglesias no puedan determinar la acción del poder político, pero en las que el poder político no pueda intervenir sobre las iglesias, salvo en el caso en que éstas desafíen a la ley con el delito. Y, por supuesto, nunca en cuestiones de teología y principios doctrinales.

Las religiones son inefables -se sitúan fuera de toda posibilidad crítica-. Las religiones pretenden tener la exclusiva de la verdad e imponérsela a todos los hombres. “¿Qué puedo hacer para que otros se salven y para que surja también para ellos la estrella de la esperanza?”, es una pregunta imperativa que el Papa Ratzinger hace en la encíclica Spe Salvi. Las religiones entienden que la legitimidad del poder emana de Dios y no de los hombres. Estas tres características las hacen incompatibles con las bases del sistema democrático. Por eso deben mantenerse al margen de las decisiones políticas. La coartada religiosa no es argumento para saltarse las leyes democráticas.

Posted by libertad43 in 07:36:19 | Permalink | No Comments »

Cómo educar hijos sin religión

Quienes sienten, como yo, que las religiones no son una respuesta a nada y desean que sus hijos adopten un punto de partida cultural adogmático para su relación con el mundo, nos encontramos en una zona social poco comprendida. El desafío de la educación no está en la transmisión de la visión del mundo, sino en mantener las diferencias que se manifiestan en las relaciones humanas.

El camino de la educación adogmática es más auténtico, responsable que la delegación de las responsabilidades morales en un ser divino. La religión no fomenta el valor de hacerse cargo de uno mismo, sino busca descargar la culpa con la expiación de los pecados. Cómo ayudar a los hijos a vivir sus diferencias con los amigos dogmáticos y la influencia de la religión es el desafío a conquistar.

El creyente tiene una estructura vital determinada por la fe; sin embargo, considero que la vida merece ser vivida más allá de cualquier sentido de trascendencia. En el caso de esta nota, en la crianza, lo único que trasciende es el amor que uno puede dar a sus hijos. A los chicos habría que hablarles con verdades, no las teologales, sino las científicas, porque están en un periodo de máxima absorción, como un estado virgen de los sentidos.

Enseñarles a creer en ellos mismos, hacerles consientes de sus limitaciones y motivarlos en confiar en sus decisiones solo por el hecho de ser ellos mismos su propia autoridad, les enseñará que el camino de la vida depende de la decisión de cada uno.

Considero que es posible transmitirles la confianza suficiente para vivir en libertad, sin ataduras dogmáticas, y hacerles sentir la suficiente seguridad para el uso de su propia creatividad en el momento de definir su propia personalidad.

Es más importante reconocer las necesidades de los hijos que la de trasmitirles una miradara tradicional sobre lo que está bien o mal. Recuerde que los hijos aprenden de lo que vivencian de sus padres, más que de lo que se les inculca. Le fe es solo una manera, tal vez la más tradicional de ver el mundo. Pero con seguridad, el camino a una educación sin dogmas es aun más viable y productivo.

Los chicos buscan mucha contención, buscan identificarse. Crecer es ir encontrando identificaciones que nos ayudan a armar un modelo de ser. La configuración religiosa del mundo, aleja a las personas de sí mismas. Una crianza sin dioses es una crianza más comprometida, pues al estar solos estamos con nosotros mismos. No creer en un ser divino da un valor mayor a la vida, justamente al ser la ella finita, la hace maravillosa.

En fin, educarles a los hijos sin religión les liberará para sentir, pensar y buscar su propia felicidad en la tierra, pues la tradición religiosa niega el valor de la vida y vende una trascendental, odiando al mundo tal como lo conocemos.

La laicidad pierde una batalla en Francia

La revista Le Nouvel Observateur, publicada este 3 de enero, y el diario francés Liberación, del 4 de enero, realizan una entrevista realizada a Jean Michel Quillardet, Gran Maestre del Gran Oriente de Francia, en el que hace una clara referencia a las consecuencias de la última visita del presidente Sarkozy al Vaticano y, más concretamente, a las declaraciones realizadas ante los medios de comunicación sobre el tema de la religión en la república.

Entendamos donde dice república se habla de la democracia misma. El problema que se plantea en el momento actual para el modelo de laicismo auspiciado desde principios del siglo XX en Francia tiene trascendencia para todas las democracias occidentales.

Los artículos fueron publicados en español en el blog de mi hermano Ricardo Fernández. Es importante tener en cuenta este sigiloso avance de la religión sobre la república para evitar caer en errores del pasado y garantizar a las generaciones futuras el desarrollo ciudadano sin ataduras.

Jean Michel Quillardet es el gran maestre del Gran Oriente de Francia (GOF), que se presenta como “la primera obediencia masónica francesa” con 50.000 miembros. El GOF ha expresado recientemente su inquietud en un comunicado a raíz de las declaraciones realizadas por Nicolás Sarkozy el 20 de diciembre en su visita al Vaticano, reprochándole su “voluntad de presentar el hecho religioso como constitutivo de la identidad política y ciudadana, lo que podría conllevar una seria inflexión en el modelo republicano francés”. Jean Michel Quillardet se explica.

¿Qué es lo que más le molesta en las declaraciones de Nicolás Sarkozy?
Este concepto de “laicismo positivo” que quiere que las religiones sean en adelante consideradas como una ventaja y que sea necesario buscar un diálogo con ellas, abre una brecha inquietante en el pacto republicano y laico. Es la primera vez que un presidente de la República establece esta nueva concepción de las relaciones entre el Estado y la religión.

En una sociedad tan materialista como la nuestra ¿no tiene la gente una necesidad de encontrar un sentido a su vida que debería ser tomado en cuenta?

La búsqueda de ese sentido no pasa por fuerza por las religiones. Me sorprende mucho que Nicolás Sarkozy diga que “la moral laica corre el riesgo de agotarse (en sí misma) o de convertirse en fanatismo en tanto que no está ligada a una aspiración que colme la aspiración al infinito”. Detrás de eso hay una ideología muy americana.

Las posiciones de Sarkozy son conocidas, ya las había expresado en La República, las Religiones, la Esperanza (ed. Cerf, 2004)…

Durante la campaña presidencial Nicolás Sarkozy evitó la cuestión de la modificación de la ley de 1905, sobre la separación de las Iglesias y el Estado, y el informe Machelon (encargado por Sarkozy, preconizaba un retoque de este texto legal). En este momento, intuimos que algo se está preparando.

¿Qué es lo que le lleva a decir eso?
Michèle Alliot-Marie (Ministra francesa del Interior) nos recibió el 3 de diciembre y nos dijo que, en el informe Machelon, “hay algunas ideas interesantes”. Está comprobando si es posible hacer pasar a las asociaciones del estatuto “de culto”, que prohíbe toda subvención pública, al estatuto “cultural”, que las permite. Jean Pierre Raffarin (Primer Ministro en el segundo período presidencial de Chirac) también declaró en una entrevista en Figaro que “habría que completar la ley de 1905″. Le hemos pedido una reunión al presidente de la República; veremos si nos recibe.

Ustedes se oponen a toda modificación de la ley de 1905, pero entonces ¿cómo se ayudará a los musulmanes a superar su retraso en lo referente a lugares de culto?

Los dos primeros artículos (de la ley de 1905) según los cuales “El Estado no reconoce ni sostiene económicamente ningún culto”, y “el ejercicio de los diferentes cultos es libre”, no son modificables. Sin embargo no somos hostiles a los contratos enfitéuticos de muy larga duración, ni tampoco a la creación de la Fundación para obras del Islam (creada el 16 de octubre, está principalmente destinada a financiar la construcción de mezquitas).

Aparte del Gran Oriente de Francia, pocos grupos organizados se han alzado contra las intenciones del presidente de la República…

François Bayrou, que ha estimado que el concepto de “laicismo positivo” avanzado por Nicolás Sarkozy “pone en cause la concepción del laicismo republicano” y favorece el retorno de la religión “opio del pueblo”, y François Hollande, han protestado.

“UNA DERROTA DE LA REPÚBLICA”
Le Nouvel Observateur.- En el Vaticano, Nicolás Sarkozy ha hablado de “las raíces cristianas de Francia” y ha evocado “la contribució de la Iglesia católica para iluminar nuestras elecciones y construir nuestro futuro”. ¿Es esto lo que le ha impresionado?

Jean Michel Quillardet.- Estamos preocupados y profundamente heridos por su voluntad de reintroducir la moral religiosa en el seno de la sociedad; por sus declaraciones virulentas sobre la moral laica que podría, según él, conducir al fanatismo; sobre la imposibilidad de vivir sin esperanza, y también sobre las raíces cristianas de Francia. Es una visión simplista de la historia. Nadie niega que Francia tenga raíces cristianas. Pero hay que distinguir entre el cristianismo y la Iglesia católica, que siempre ha sido partícipe del absolutismo político y religioso, y recordar también nuestras raíces en la cultura griega, en el humanismo del Renacimiento y, sobre todo, en el pensamiento que surge con el Siglo de las Luces, que enuncia la libertad absoluta de conciencia. Nos sentimos heridos al escuchar decir que un no creyente es marginal y de ver así su posición intelectual relegada a un segundo plano. Pienso que incluso algunos cristianos, como François Bayrou, no pueden hacer otra cosa que sentirse golpeados con este tipo de afirmaciones. Y bueno, ¿qué significa este “laicismo positivo”? El “laicismo positivo” es el “laicismo sí, pero”. Es una regresión todavía más grave si se tiene en cuenta que viene de un jefe de Estado. Desde De Gaulle a Chirac, nunca habíamos oído semejantes discursos en toda la historia de la V República, ni visto a un jefe de Estado tener una práctica tan ostenta de su culto. Nos encontramos una vez más ante la manipulación de los símbolos. Todo esto nos resulta extremadamente peligroso para el pacto republicano que permite a cada uno vivir con su fe o sin ella.

N.O. - Sarkozy ya había expresado, siendo ministro del Interior y en su libro ” La República, las religiones, la esperanza”, su deseo de hacer evolucionar la ley de 1905.

J.-M. Quillardet.- Nos alarmamos mucho con ocasión de la publicación del informe Machelon que preconizaba principalmente la financiación de los lugares de culto por los municipios y que implicaba abrir una importantísima brecha en la ley de 1905. Pero durante la campaña presidencial, Nicolás Sarkozy retiró este tipo de cuestiones y creímos haber ganado la partida. Este discurso pronunciado con firmeza elimina toda duda sobre cuáles son sus intenciones. Recordemos también que, en el cuadro de la reforma de las instituciones, el presidente ha propuesto que las grandes corrientes espirituales estén representadas ¡en el seno del Consejo Económico y Social! Forma parte de la ideología, un verdadero proyecto político que inscribe al liberalismo y a la religión en el corazón de la sociedad, como elementos indispensables de las buenas costumbres. Ya hemos percibido las consecuencias en los barrios de las afueras de las ciudades, donde los poderes públicos hacen llamamientos a los imanes para apaciguar las tensiones. Estamos ante una derrota de la República. La única identidad que ha de interesar al político, es la ciudadanía. Cuando se dirige, no ya a los ciudadanos, sino a los católicos, a los judíos, a los protestantes, y encima privilegiando a algunos, se cambia completamente la naturaleza del régimen republicano.

N.O.- ¿Contempla Ud. la posibilidad de un deslizamiento hacia un laicismo a la americana?

J.- M.Quillardet.- Desde luego, nos encontramos con la idea tocquevilliana según la cual la democracia no puede dejar a un lado la religión -y para Tocqueville se trata ya de la religión cristiana-. Pero el laicismo a la americana, es Bush que pronuncia sin cesar discursos en el nombre de Dios, es un presidente que jura sobre la Biblia. ¿Vamos a volver a esos? Corremos el riesgo de dividir otro poco más a la nación. Se nos dirá que no se va a tocar la ley de 1905, pero nuestro temor que se transforme completamente su espíritu valiéndose de medidas técnicas reglamentarias, abriendo la posibilidad de hacer pasar a las religiones de un estatuto de culto a uno cultural, por ejemplo. Estamos en el camino de la destrucción de cierta idea de la República. Los franceses siguen muy ligados al laicismo y el presidente cometería un grave error queriendo atacarlo

Posted by libertad43 in 07:33:44 | Permalink | No Comments »

“El saber no necesita padres ni curas”

“Benedicto XVI no debe entrar en la Universidad de La Sapienza: es demasiado reaccionario, enemigo de la ciencia y de Galileo Galilei”, indica hoy una nota de La Nación Argentina.

La visita del Papa, pasado mañana, a la famosa Universidad de La Sapienza, el ateneo más antiguo de esta capital, ha desencadenado un revuelo de dimensiones gigantescas en Italia. Después de que más de 60 científicos manifestaron en una carta su rechazo a la visita del Papa, acusado de haber atacado a Galileo, un tenso debate entre laicos y católicos se ha abierto en la Península, donde ayer algunos intelectuales se preguntaban si no era en verdad un “acto de censura”, contrario a la libertad, pedir la anulación de la visita del Santo Padre a la universidad romana, reza la nota de la corresponsal Elisabetta Piqué.
En sintonía con el vade retro de los académicos a Benedicto XVI, que el jueves inaugurará el 705° año académico de La Sapienza, diversos grupos estudiantiles organizaron una “semana anticlerical” de protesta. Se trata de cuatro días de eventos, debates y shows que culminarán pasado mañana con un “asalto sonoro” a la universidad -a través de música dance y house a todo volumen- para molestar la visita de Joseph Ratzinger, un “huésped indeseado”.

Un “evento incongruente”
La “rebelión” antipapal comenzó en noviembre pasado, cuando Marcello Cini, profesor emérito de física de La Sapienza, escribió una carta al rector de esa universidad, Renato Guarini, en contra de la presencia de Benedicto XVI, una “increíble violación de la tradicional autonomía de las universidades”.
A esta misiva se fueron sumando otros 67 docentes, indignados porque el 15 de marzo de 1990 Joseph Ratzinger, siendo aún cardenal, en un discurso que pronunció en la ciudad de Parma hizo suya una afirmación del filósofo Paul Feyerabend que afirmó que “en la época de Galileo la Iglesia fue mucho más fiel a la razón que Galileo, y que el juicio que la Iglesia le hizo a Galileo fue razonable y justo”.
“Se trata de palabras que, en cuanto científicos fieles a la razón y en cuanto docentes que dedican su vida al avance y a la difusión de los conocimientos, nos ofenden y nos humillan”, escribieron los científicos. “En nombre del laicismo de la ciencia y de la cultura, y en el respeto de nuestro ateneo, abierto a docentes y estudiantes de todos los credos e ideologías, auspiciamos que este evento incongruente pueda ser anulado”, agregaron.
Entre los firmantes de la carta se encuentran nombres de importantes científicos, como el físico Andrea Frova, autor de un libro sobre Galileo; Luciano Maiani, presidente del Consejo Nacional de Investigaciones, y los investigadores Carlo Bernardini, Giorgio Parisi y Carlo Cosmelli.

“Nosotros, que hemos dedicado toda nuestra vida a la ciencia, no tenemos ganas de escuchar en nuestra casa una voz que condena de nuevo a Galileo”, denunció Andrea Frova. “Las acusaciones anticientíficas realizadas por el Papa cuando era cardenal las reiteró en su última encíclica: él está convencido de que cuando la verdad científica entra en conflicto con la verdad revelada, la primera debe pararse. Algo así no puede ser aceptado en una comunidad científica”, afirmó Cosmelli.
Galileo Galilei (1564-1642) fue condenado por hereje por la Iglesia en 1632, luego de haber afirmado que la Tierra giraba alrededor del Sol, lo que rompía el dogma de la cosmología católica. En 1992, sin embargo, Juan Pablo II rehabilitó al famoso astrónomo.
Nunca antes, sin embargo, causó tanto revuelo la visita del Papa. La tensión, en efecto, era palpable en la universidad, donde colgaban de las paredes pancartas con leyendas que rezaban “No Pope”; “O con el Papa o con el saber, defendamos a Minerva [diosa del conocimiento] del oscurantismo”; o “El saber no necesita ni padres ni curas”.
En este clima, no sorprende que La Sapienza, que todavía no decidió si suspenderá las clases del jueves, haya puesto a punto fuertes dispositivos de seguridad, como prohibir el ingreso de autos en la ciudad universitaria, un ateneo que, gracias al Papa, estará bajo la lupa de todo el mundo.

La cultura es lo que importa

¿De dónde vienen las reglas morales? De la razón, afirman algunos filósofos. De Dios, aseguran los creyentes. Rara vez se considera otra fuente como la que hoy defienden algunos biólogos: la evolución.

Una mirada a la selección natural y a la supervivencia de los más fuertes sólo parece confirmar los valores más egoístas. Pero para los animales que viven agrupados el egoísmo debe ser limitado o no habría ventaja en vivir en sociedad. ¿Puede la conducta desarrollada por los animales que viven en sociedad ser el fundamento de donde partió la moralidad humana?

En el libro Hipótesis de la felicidad , Jonathan Haidt, psicólogo moral de la Universidad de Virginia, construye una visión amplia de la moralidad donde rastrea su conexión tanto con la religión como con la política.

Haidt comenzó investigando la emoción de la aversión. Al probar las reacciones de la gente ante situaciones como la de una familia hambrienta que cocinó y comió a su perro luego de que éste hubiera muerto en una ruta, exploró el fenómeno en que la gente siente fuertemente que algo está mal pero cuyo porqué no puede explicar.

Este fenómeno lo llevó a ver a la moralidad conducida por dos sistemas mentales separados. Un sistema antiguo, que él llama intuición moral, se basa en las conductas con carga emotiva que se desarrollaron antes que el lenguaje. Un sistema moderno, que llama juicio moral, llegó después del lenguaje, cuando la gente pudo expresar por qué algo estaba bien o mal.

Las respuestas emocionales de la intuición moral ocurren de manera instantánea; son primitivas reacciones viscerales que evolucionaron para desarrollar decisiones intempestivas que ayudan a la supervivencia en un mundo peligroso. El juicio moral, por otro lado, llega más tarde, cuando la mente consciente desarrolla una racionalización para la decisión que llegó a través de la intuición moral, escribe Haidt.

La racionalización la educación
Jorge Werthein, es director de la Unesco en Brasil escribió esta semana para el diario argetnino La Nación, un artículo que coloca a la educación como valor supremo para el progreso humano.

“Hay que votar por la educación porque de esa manera se estará votando simultáneamente por el desarrollo sostenible y por la producción de más conocimientos: en la tarea pedagógica, en el ámbito de las ciencias, en la preservación del medio ambiente, en el control del sida, en la salud, en la creación de empleos, en la disminución de la muerte y violencia, en la seguridad, en los derechos humanos y en la construcción de una democracia plena.

También elegirán la educación los miles de padres y madres, los integrantes de las ONG socioeducativas, el gran número de empresarios que defienden la mejoría de la calidad de la enseñanza, los ministros provinciales de Educación, el titular de la cartera educativa nacional y sus colaboradores. Serán millones de votos.

Hay que votar por la educación porque sólo a través de ella se logra la verdadera inclusión social de la que tanto se habla. Otras áreas pueden prometer lo mismo, pero difícilmente consigan cumplirlo, por lo menos no con la misma eficiencia y estabilidad.

Hay que votar por la educación porque ella representa la inversión con más alto índice de retorno. Cada centavo invertido en la educación, y bien gestionado, representa millones de pesos en desarrollo y en ahorro y porque sustenta a otras áreas como las artes, la industria y el comercio. Con educación, la sociedad avanza como un todo.

Hay que votar por la educación porque sin ella no existirá el desarrollo científico y tecnológico. El conocimiento que ella proporciona fortalece y enriquece la democracia. La verdad es que no puede haber democracia sin educación de calidad para todos, a lo largo de toda la vida. Por el contrario, hay exclusión social en sus diversas formas.

Hay que votar por la educación porque es una de las principales salidas para disminuir las alarmantes disparidades internas, regionales y mundiales. Con recursos adecuados, con un eficiente sistema de gestión y con una política de discriminación positiva, la educación puede reducir –y, en el largo plazo, eliminar– la brecha interregional y las propias diferencias intrarregionales, que transforman a compatriotas en extranjeros en su propio país. La educación universal y de calidad puede garantizar igualdad de oportunidades para todos”.
La educación nos trae libertad
Mario Vargas Llosa escribió hace par de semanas una nota para el El País, de España, donde presenta un caso del gobierno autónomo de Cataluña, donde ha obligado a un colegio público de Gerona a admitir a Shaima, una niña marroquí de ocho años, que desde hacía una semana faltaba a clases porque las autoridades del plantel le habían prohibido el ingreso mientras llevara el hiyab o velo islámico. El director fundó la prohibición en el reglamento del colegio, que rechaza en el atuendo de los alumnos “cualquier elemento que pueda causar discriminación”. Por su parte, la Generalitat considera que “el derecho a la escolarización” debe prevalecer sobre las normas internas de los centros educativos.

A diferencia de lo que ocurre en países como Francia o el Reino Unido, donde hay leyes sobre el uso del velo islámico en las escuelas públicas, en España no existe legislación al respecto y hasta ahora el permiso o la prohibición de llevarlo estaba librado al criterio de los propios centros de enseñanza. Lo ocurrido con la niña marroquí establece un precedente que, de prevalecer y extenderse, abriría las puertas de la instrucción pública al llamado multiculturalismo o comunitarismo. A mi juicio, semejante perspectiva es sumamente riesgosa para el futuro de la cultura de la libertad en España.

A primera vista, semejante afirmación parecerá a algunos exagerada o apocalíptica. ¿Qué puede tener de malo que una pobre criatura, acostumbrada por la religión y las costumbres de su familia a tocarse con el hiyab lo siga haciendo en las aulas escolares? ¿No sería una crueldad obligarla a destocarse y lucir los cabellos a sabiendas de que, para sus creencias y usos comunitarios, tal cosa sería tan traumático como para las niñas cristianas exigirles mostrar el busto o las nalgas? De allí a considerar que prohibir el velo islámico a las niñas en los colegios públicos es prejuicio antimusulmán o etnocentrismo colonialista y racista hay sólo un paso cortito.

Sin embargo, no es tan sencillo. El velo islámico no es un simple velo que una niña de ocho años decide libremente ponerse en la cabeza porque le gusta o le es más cómodo tener los cabellos ocultos que expuestos. Es el símbolo de una religión en la que la discriminación de la mujer es todavía, por desgracia, más fuerte que en ninguna otra –en todas ellas, incluso las más avanzadas, se discrimina aún a las mujeres–, una tara tradicional de la humanidad de la que la cultura democrática ha conseguido librarnos en gran parte, aunque no del todo, gracias a un largo proceso de luchas políticas, ideológicas e institucionales que fueron cambiando la mentalidad, las costumbres y dictando leyes destinadas a frenarla. Una de esas grandes conquistas es el laicismo, uno de los pilares sobre los que se asienta la democracia. El Estado laico no está contra la religión. Por el contrario, garantiza el derecho de todos los ciudadanos de creer y practicar su religión sin interferencias, siempre y cuando esas prácticas no infrinjan las leyes que garantizan la libertad, la igualdad y demás derechos humanos que son la razón de ser del Estado de Derecho.

Los colegios públicos de un Estado laico no pueden ser confesionales, porque si lo fueran y privilegiaran a una religión sobre otras, o sobre los no creyentes, ejercerían una discriminación inaceptable en una sociedad de veras libre. En ésta la religión no desaparece, se confina en el ámbito privado, fuera de las escuelas y las instituciones públicas. Los creyentes pueden constituir escuelas privadas de carácter confesional, desde luego, o impartir en las iglesias o en el seno de las familias todas las doctrinas y creencias en las que quieren educar a sus hijos. Pero la religión no puede invadir el dominio público sin que principios básicos de la cultura democrática, sobre todo la igualdad y la libertad de los ciudadanos, se resquebrajen y se establezcan privilegios y jerarquías abusivas.

El velo islámico en las escuelas públicas es una cabecera de playa con la que los enemigos del laicismo, de la igualdad entre el hombre y la mujer, de la libertad religiosa y de los derechos humanos, pretenden alcanzar espacios de extraterritorialidad legal y moral en el seno de las democracias, algo que, si éstas lo admiten, podría conducirlas al suicidio. Porque con el mismo argumento con que se pretende que el hiyab sea admitido en las escuelas se puede exigir, como han hecho y conseguido los islamistas en algunas ciudades de Europa, que haya piscinas municipales separadas para hombres y mujeres pues para las hembras musulmanas resulta impúdico compartirlas con los varones.

Y, si se trata de respetar todas las culturas y las costumbres, ¿por qué la democracia no admitiría también los matrimonios negociados por los padres y, en última instancia, hasta la ablación del clítoris de las niñas que practican tantos millones de creyentes en el Africa y otros lugares del mundo?

El multiculturalismo parte de un supuesto falso, que hay que rechazar sin equívocos: que todas las culturas, por el simple hecho de existir, son equivalentes y respetables. No es verdad. Hay algunas culturas más evolucionadas y modernas que otras y, aunque es verdad que aun en las culturas más primitivas existen prácticas, usos y creencias que han enriquecido la experiencia humana y enseñanzas que las otras pueden aprovechar, también lo es que en muchas culturas sobreviven prejuicios y conductas bárbaras, discriminatorias y hasta criminales que ninguna democracia puede admitir en su seno sin negarse a sí misma y retroceder en el largo camino de la civilización que lleva andado.

Francia, donde el tema del velo islámico es objeto de viejos e intensos debates, lo ha entendido así y ha dado un buen ejemplo al resto de los países democráticos prohibiendo por ley, desde 2004, “el uso de elementos ostentatorios de carácter religioso en las escuelas e institutos públicos del país”. Al principio, esta medida fue considerada por algunos supuestos “progresistas” reaccionaria y sustentada en un prejuicio contra los inmigrantes de origen musulmán. No lo era. Por el contrario, su razón profunda es dar las oportunidades a todos, extranjeras y nacionales, de cualquier raza, cultura o religión, de trabajar y vivir en Francia en un ambiente de legalidad y libertad que les permita seguir practicando todas sus creencias y costumbres que sean compatibles con las leyes vigentes. Y, desde luego, renunciando a las que no lo sean, como hicieron las iglesias cristianas en el pasado, cuando tuvieron que acomodarse a las sociedades abiertas.

Si se considera que la democracia ha significado un extraordinario avance sobre los regímenes despóticos y absolutistas de antaño, es difícil entender que ella pueda ser sólo válida para los demócratas y que los países democráticos, en nombre de la falacia de la equivalencia absoluta de las culturas, admitan en su seno enclaves antidemocráticos o prácticas reñidas con los principios básicos de la igualdad y la libertad. Quienes defienden el multiculturalismo y el comunitarismo tienen una idea estática y esencialista de las culturas que la historia desmiente. Ellas también evolucionan, de acuerdo con el avance de la ciencia y con los intercambios de ideas y conocimientos, que son cada vez más frecuentes en el mundo moderno y que, poco a poco, van transformando convicciones, prácticas, creencias, supersticiones, valores y prejuicios.

Un musulmán moderno de, digamos, el Líbano o El Cairo tiene muy poco que ver con los musulmanes fundamentalistas de Darfur, que arrasan aldeas y queman a familias enteras por ser paganas, y ponerlos dentro de la misma etiqueta cultural es tan absurdo como considerar idénticos, por ser cristianos, a los católicos generalmente tolerantes y democráticos de las sociedades abiertas de nuestros días con los inquisidores o los cruzados medievales que torturaban y asesinaban en nombre de la cruz.

Si los países democráticos quieren ayudar de algún modo a que la religión musulmana experimente el mismo proceso de secularización que ha permitido a la Iglesia Católica adaptarse a la cultura democrática, lo peor que podrían hacer es renunciar a logros tan importantes como el laicismo y la igualdad para no parecer etnocentristas y prejuiciosos. No hay etnocentrismo alguno, sino universalismo y pluralismo estrictos, en no hacer concesiones en la defensa de los derechos humanos y de la libertad.

El sistema francés me parece más claro y más eficaz que el adoptado por el Reino Unido, donde el Estado ha transferido a los colegios e institutos de enseñanza la decisión de autorizar o prohibir el uso del velo islámico en las aulas. Pero esta potestad sólo vale en lo que concierne a los estudiantes. En cambio, a las maestras les está prohibido dar clases veladas, según una decisión del Poder Judicial del año pasado, luego de que una profesora se presentara en el aula británica embutida en un niqab, especie de carpa vestuario que cubre el cuerpo femenino de pies a cabeza. ¿No es absurdo que se prohíba a las maestras lo que se permite a las alumnas, o viceversa?

Masonería y educación
Casi siempre que se pronuncian las palabras masonería y educación se tiende a pensar en la actuación de la masonería en el campo de la enseñanza, por medio de diversos tipos de instrumentos: centros docentes; presiones en la orientación de la política educativa; influencias de políticos con vínculos masónicos y con responsabilidades en la administración educativa. Sin restar importancia a tales aspectos centrados en la actuación de la masonería en el mundo externo a ella, quedarnos sólo en ellos sería conocer una parte de la realidad porque la educación puede y debe ser contemplada como una actividad interna de la masonería.
La masonería es, por definición, una sociedad iniciática y como tal, debe ser considerada como una escuela de formación de sus integrantes. Desde esa perspectiva educativa, el objetivo de la masonería no es inculcar a sus adeptos, un conjunto de conocimientos sino, fundamentalmente, principios filosóficos y un sistema de valores.

Según nos enseña la propia historia de la orden, el ideal de hombre que la masonería quiere formar debe estar en posesión de tres cualidades básicas. Ha de ser una persona ilustrada, moral y libre. Ilustrado para que pueda aportar con su estudio algo en la tarea de progreso que la masonería propugna. Moral para que distinguiendo el bien del mal, contribuya a la felicidad propia y de los que le rodean. Libre porque sin libertad no se puede ser responsable. Y sin responsabilidad no se puede afirmar la persona.

Otros sectores masónicos han dado un matiz especial a esta última cualidad, interpretando la libertad en el hombre, como la ausencia de presiones externas, fundamentalmente provinientes de la Iglesia Católica.

Para alcanzar esas metas la masonería dispone, prioritariamente, de los trabajos en las logias. Los masones integrados en una logia se reúnen en reuniones o tenidas. En esas asambleas los masones leen trabajos, confeccionados por ellos mismos, sobre la historia de la orden, ritualismo, posibles actuaciones en la vida profana, filosofía de la masonería, etc. Esos trabajos, llamados en el lenguaje masónico planchas, pueden ser encargados por el venerable maestro, presidente de la logia, o pueden presentarse a iniciativa de los hermanos, siempre que el venerable lo considere oportuno. El carácter formativo de las tenidas no debe ser pasado por alto. Uno de sus objetivos primordiales es proporcionar a los integrantes de la logia motivos de reflexión mediante esos trabajos.

El carácter formativo se vislumbra con claridad en otro punto clave de la organización interna de la masonería: los aumentos de salario. Esto es, el paso de los masones de un grado al superior. Los reglamentos de las obediencias masónicas especifican con detalle, algunos de un modo exhaustivo, esos procesos. Es regla común que para alcanzar el grado superior se debe permanecer un tiempo determinado en el inferior. El objetivo es que el aspirante aprenda y asimile los conocimientos suficientes para poder desempeñar correctamente las responsabilidades del grado superior.
También el masón aspirante a alcanzar el grado superior debe demostrar ante sus compañeros de logia sus avances en conocimientos masónicos. Para ello ha de presentar un trabajo sobre una temática ya preestablecida. De ese modo sus hermanos pueden comprobar si ha asimilado correctamente las enseñanzas de la orden y es acreedor del grado superior.

Aunque esta es la norma general, las excepciones no han sido infrecuentes. Hay casos de aumentos de grados sin respetar los plazos establecidos debido a intereses espúreos y a compromisos personales. Pero también se han localizado logias, en las cuales las exigencias para las ganancias de grados superaban, con creces, la normativa establecida en los reglamentos generales de la obediencia.

El actitud masónica hacia el progreso humano
La educación, a partir de consideraciones estrictamente pedagógicas está encaminada a la alfabetización y capacitación académica del hombre, pero si nos referimos a los condicionamientos filosóficos, religiosos, sociales y políticos inextrincablemente unidos a las consideraciones pedagógicas, nos llevan a concluir que la connotación moderna de la educación rebasa la concepción eminentemente popular de la misma para adentrarse en el campo de la ciencia; es decir, no basta con enseñar científicamente el objeto, sino que el análisis debe hacerse con el auxilio de un método científico que permita su verdadero conocimiento.
El empleo de este método científico en la educación es lo que va a marcar la necesidad de una educación laica, que enseñe sin dogmatismo. Este criterio de laicidad, así entendido, es el que caracteriza la educación que defendemos los masones, la que debemos predicar y practicar.
Precisamente, José Pedro Varela, educador uruguayo, sintetizó admirablemente este concepto cuando en su obra La educación del pueblo dice: “En lo filosófico no se trató más del espiritualismo metafísico de la conciencia romántica sino del evolucionismo laico de la conciencia positivista que marcó toda una etapa en la historia de la enseñanza laica.”
Y desarrolla, a partir de criterios como el transcrito, la tesis de que en lo socio-político no bastan el igualitarismo y democratismo, que eran base del ideal de la enseñanza gratuita y obligatoria que se da a finales del siglo XIX y comienzos del XX, sino que requiere de una posición realista, antropológica y sociológica que considere además el sentido y fin de la educación en relación con el entorno geopolítico y cultural, las circunstancias, necesidades y oportunidades del hombre. La educación así concebida fortalece el concepto de igualdad que debe darse en toda sociedad humana y que tan caro es al ideario masónico.
Posted by libertad43 in 07:32:40 | Permalink | No Comments »

El librepensamiento frente a las religiones

El fin de semana pasado tuvimos una iniciación con mis hermanos y hermanas de la Orden Masónica Mixta Internacional Le Droit Humain – El Derecho Humano radicado en Paraguay, razón por la cual me fue imposible escribir para el blog. Justamente el jueves 20 se celebró el Día de la Libertad de Pensamiento que surge en conmemoración el Día de la Unidad Italiana.

Ese día se recuerda un acontecimiento histórico: la entrada triunfal en Roma, en 1870, de las fuerzas patrióticas de Víctor Manuel II, Cavour y Garibaldi, que buscaban la unidad italiana. Roma fue el último baluarte de la reacción vaticana aliada al imperio francés de Napoleón III. Su caída fue en buena parte obra de los “Camisas Rojas” del general José Garibaldi, que había luchado primero con las fuerzas republicanas contra el imperio en Brasil, y luego en Uruguay, al costado de las fuerzas liberales que defendían la ciudad de Montevideo, en el sitio que se le había impuesto entre 1843 y 1851, durante la llamada Guerra Grande. Por ello, el 20 de Setiembre se considera el Día de la Unidad Italiana. Para los librepensadores y humanistas del universo, es símbolo de libertad, y se lo conoce como el Día de la Libertad de Pensamiento.

El término nos remonta a los movimientos filosóficos del siglo XVII y XVIII y más concretamente al período de la Ilustración. Durante el “Siglo de las Luces”, numerosos pensadores vieron en la razón el elemento esencial del progreso humano. De su mano se podían destruir ancestrales creencias inmovilizadoras y bajo su luz los hombres podían adentrarse en el estudio de la naturaleza y sus mecanismos, llegando a explicaciones lógicas de cuanto acontecía en el entorno.

Todo cambio produce, inevitablemente alguna rotura y las profundas modificaciones iniciadas en la Ilustración no fueron la excepción. Se inició la ruptura del sistema de pensamiento absoluto, inerte, en el cual la Iglesia, ostentaba el patrimonio del saber. La propia Iglesia, sus actuaciones pasadas y presentes, sus instituciones y sus hombres comenzaron a ser discutidos. La sacra envoltura que rodeaba a todo lo eclesial comenzó a rasgarse y los hombres de la Ilustración incluyeron a la Iglesia en su campo de reflexión. Ello dio origen a enfrentamientos con los librepensadores que marcaron de modo indeleble el posterior desarrollo del librepensamiento.

En las últimas décadas del siglo XIX, tras los procesos revolucionarios de principio de siglo, nos encontramos con un movimiento librepensador, con implantación en numerosos países, pugnando por estructurarse en ligas y federaciones. Sus integrantes se sitúan fuera, y en numerosas ocasiones, en contra de la religión. Propugnan un modelo nuevo, moderno en su propia terminología, de pensamiento y de organización social, con la razón y la ciencia por norte. Para ellos, la moral no debe sustentarse en creencias religiosas. Lógicamente, en cuanto los librepensadores intentaban llevar a la práctica sus ideas o propagarlas, chocaban con las instituciones involucionistas. La Iglesia Católica entre otras. Tal situación llevó a una dinámica de enfrentamientos y descalificaciones.

Los librepensadores aplican la razón, la experiencia, la observación y la prueba, como únicos medios dignos de crédito para la determinación de la verdad. La verdad es el grado con que una afirmación corresponde a la realidad. La realidad está limitada a lo que uno puede percibir directamente a través de los sentidos o indirectamente a través del uso adecuado de la razón. Así, la razón es una herramienta del pensamiento crítico que limita la verdad de una afirmación de acuerdo a las pruebas estrictas del método científico; entonces para que una afirmación pueda considerarse como cierta debe ser comprobable.

Desde el librepensamiento se rechaza toda autoridad que se oponga a la razón, ya sea aquélla de un hombre, la de un libro o la de una organización basada en la revelación, los milagros o la tradición. Un librepensador no puede reconocer como definitivo ningún sistema o doctrina. Tampoco debe limitarse a negar simplemente todo lo que no resiste al toque de la razón, sino que debe extender el conocimiento humano a la luz de sus principios. Para que sea fructífero, el librepensamiento debe aplicarse no solamente a alumbrar la humanidad, sino a resolver los problemas sociales teniendo presente la necesidad suprema de lograr para todos, sin distinción de sexo, de raza o de nacionalidad, una igualdad completa en el ejercicio de sus derechos y en el cumplimiento de sus deberes.

Los librepensadores están convencidos de que las aseveraciones religiosas no resisten la prueba de la razón. No es solamente que no se gane nada creyendo algo que no es cierto, sino que también se tiene todo que perder cuando se sacrifica la herramienta indispensable de la razón en el altar de la superstición. Usan la palabra religión para denominar a los sistemas de creencias que incluyen un dominio sobrenatural, una deidad, fe en escrituras sagradas y conformidad con un credo absoluto. Muchos librepensadores consideran a la religión no solamente como falsa, sino también como justificación histórica de guerras, esclavitud, sexismo, racismo, fobia a los homosexuales, mutilaciones, intolerancia y opresión a las minorías. El totalitarismo de los absolutos religiosos ahoga el progreso, sostienen.

La religión como materia obligatoria
En el mundo posterior al 11 de setiembre de 2001, la religión ha salido de lo privado para estar presente en el espacio político más que nunca. El retorno de lo religioso exige fortalecer un librepensamiento sólido, fundamentado y rescatarlo del silencio sistemático en que la ha sumido la historiografía.

Daniel Clement Dennett (Boston, 1942) es uno de los filósofos de la ciencia más destacados en el ámbito de las ciencias cognitivas, especialmente en el estudio de la inteligencia artificial y de la memética. También son significativas sus aportaciones acerca de la significación actual del darwinismo. Dirige el Centro de Estudios Cognitivos de la Universidad de Tufts, donde es catedrático de filosofía. Desde 1987 es miembro de la American Academy of Arts and Sciences y la semana pasada planteó, en una nota para la revista de cultura del diario argentino La Nación, la educación obligatoria sobre las religiones del mundo en todas las escuelas estadounidenses, públicas y privadas, y en la educación a domicilio. Hasta el momento no tengo una postura clara sobre la propuesta que lo expone en su libro Romper el hechizo:

“Tal vez sea posible confiar en la gente de cualquier parte y, por lo tanto, permitirle que haga sus propias elecciones bien fundadas. ¡Elecciones bien fundadas! ¡Qué idea sorprendente y revolucionaria! Tal vez se pueda confiar en las elecciones de las personas, no necesariamente en las elecciones que nosotros les recomendemos, sino en las que tienen mayor probabilidad de satisfacer los objetivos que ellos se han planteado. Pero, ¿qué les enseñamos hasta que adquieran suficiente información y madurez como para poder elegir por sí mismos? Les enseñamos todo sobre las religiones del mundo, de manera práctica, bien informada en los aspectos históricos y biológicos, de la misma manera que les enseñamos biografía, historia y aritmética. Tengamos más educación sobre religiones en nuestras escuelas, no menos. Deberíamos enseñarles a nuestros hijos credos y costumbres, prohibiciones y rituales, los textos y la música, y cuando nos dediquemos a la historia de la religión, deberíamos incluir tanto lo positivo como lo negativo (la Inquisición, el antisemitismo a lo largo de los siglos, el papel de la iglesia católica en la proliferación del sida en Asia por medio de su oposición a los preservativos). Y a medida que descubrimos más y más cosas sobre las bases biológicas y psicológicas de las prácticas y costumbres religiosas, deberíamos agregar esos conocimientos a los programas, del mismo modo en que actualizamos nuestros conocimientos en los campos de la ciencia, la salud y los acontecimientos de actualidad. Todo esto debería formar parte del programa obligatorio de las escuelas públicas, las privadas y la educación a domicilio.

“(…) Es solo una idea y tal vez haya otras mejores para tener en cuenta, pero esta seguramente resultará atractiva para los amantes de la libertad en todas partes: la idea de que los devotos de todos los credos deberían enfrentar el desafío que implica asegurarse de que su credo sea suficientemente digno, atractivo, plausible y significativo como para resistir las tentaciones de sus competidores. Si uno tiene que engañar a sus hijos o vendarles los ojos para asegurarse de que confirmarán su fe cuando sean adultos, esa fe debería desaparecer”.

Dennett ha comentado en varios lugares que su proyecto filosófico global ha seguido siendo en gran medida el mismo desde sus tiempos en Oxford. Busca sobre todo proporcionar una filosofía de la mente arraigada en la investigación empírica y útil para ésta. En su disertación Content and Consciousness (Contenido y Consciencia), dividió el problema de explicar la mente en la necesidad de una teoría del contenido y una de la conciencia. Su aproximación a este proyecto también ha permanecido fiel a esta distinción. De la misma manera que el contenido y la conciencia tienen una estructura bipartida, los brainstorms pueden ser divididos igualmente en dos secciones. Posteriormente agrupará varios ensayos sobre contenido en The Intentional Stance y sintetizará sus investigaciones sobre la conciencia humana en una teoría unificada en el libro La conciencia explicada. Estos dos volúmenes desarrollan su visión multidisciplinar sobre la conciencia, basada en el método científico y en datos procedentes de la psicología, la neurociencia, la filosofía y la inteligencia artificial. La conciencia explicada tuvo gran difusión para tratarse de una obra científica y causó profundo impacto incluso en lectores no especializados, pues refutaba de forma muy convincente la visión tradicional y puramente intuitiva sobre la conciencia.

El camino masónico
Considero que es necesario promover una laicidad poscristiana, militante y radicalmente opuesta a cualquier elección o toma de posición entre el judeocristianismo occidental y el Islam que lo combate. Ni la Biblia ni el Corán. Entre los rabinos, sacerdotes, imanes y ayatolaes y otros mulás, insisto en anteponer al filósofo, pues él sabe que sólo existe un mundo y que toda promoción de los mundos subyacentes lleva a la pérdida del uso y beneficio del único que hay.

Justamente para concentrar nuestras actividades y lograr la armonía y felicidad aquí en la tierra concluyo en mi libro Los hijos de la luz, que se lanzará el 7 de noviembre, que no debe surguir un combate entre librepensmiento y dogma, sino que debemos concentrarnos en demostrar que el dogma ata al ser humano y lo imposibilita a realizar su principal meta aquí en la tierra: La búsqueda de su propia felicidad.

Particularmente considero que la Masonería es una opción para la formación humana que hoy el mundo necesita, un mundo conectado y muy relacionado, donde justamente la falta de tolerancia y formación sobre las ideas religiosas fomenta el odio. Ella, la Masonería, procura inculcar en sus adeptos el amor a la verdad, el estudio de la moral universal, de las ciencias y de las artes. Tiende a extinguir los odios de raza, los antagonismos de nacionalidad, de opiniones, de creencias e intereses, uniendo a todos los hombres en bien de la humanidad. Impulsa a sus miembros a transformarse en elementos útiles para la sociedad.

Enseña mediante sus grados y ritos, que no son de un siglo, tampoco se establecieron de una vez para siempre, sino que fueron apareciendo en épocas diferentes como pensamientos e ideas que gradualmente se desarrollaron y se unieron por una atracción natural y progresista de la civilización. Claro que la Masonería consiste en algo más que conferir grados, en la exacta repetición de las lecturas de cada grado, y en el familiar conocimiento de las fórmulas y palabras que se usan en la apertura y en la clausura de sus trabajos.

La misión principal de la masonería es enseñar la ley de evolución y del progreso, el hombre hacia la perfección. No es posible hallar una verdadera interpretación de la Masonería sino se relaciona su sistema, estrechamente con el proceso evolutivo de la humanidad. Todo en ella gira en torno de un progreso gradual de la oscuridad a la luz y todo lo que la luz trae aparejado.

La finalidad de sus grados consiste en presentar al masón objetivos de evolución en vida, no para el mundo de las ideas sino para concretarlos en la tierra por lo cual debe esforzarse a implementar. El camino evolutivo, en el cual se funda la Masonería, es, desde todo punto de vista, práctico y útil. Significa, para el que recorre un progreso en capacidad mental, conocimientos, visión, sabiduría y fuerza espiritual que lo comprometen a volcarlos en bien de la humanidad.

La Masonería ofrece ayuda y guía para que nos volvamos cada día más conscientes de que nada puede detener el impulso que motiva el progreso humano en su peregrinaje de la oscuridad a la luz, de la irrealidad a la realidad, y de lo perecedero a lo imperecedero. Es un despropósito ser masón y no preocuparse por estos temas, que son individuales y a la vez colectivos.

Procura demostrarnos, en fin, que seremos esclavos de nosotros mismos y susceptibles a circunstancias limitadoras sólo hasta que tomemos conciencia del que el hombre es un fin en sí mismo, no el medio para los fines de otros y que la búsqueda del propio interés racional y de nuestra felicidad es el más alto propósito en la vida.

La posesión de antiguos secretos que excitan la curiosidad de los hombres y atraen de una manera irresistible a sus templos, no le bastaría para afianzar perpetuidad y vitalidad perenne. La Masonería se desarrolla en los siglos porque sus fines son más nobles y elevados que la simple conmemoración de sus misterios secretos, porque requiere que ellos se conviertan en norma de vida de sus adeptos y que estas normas se cumplan a cabalidad, de lo contrario ¿para qué sostener algo que no se practica?

En fin, la Masonería es una institución universal, esencialmente ética, filosófica, iniciática y progresista. Ella tiene por principio la libertad absoluta de conciencia y la fraternidad humana. Constituye el centro de unión para los hombres de espíritu libre de todas las nacionalidades y credos. Como institución docente formativa tiene por objeto el perfeccionamiento del hombre y de la humanidad. Promueve entre sus adeptos la búsqueda incesante de la verdad, el conocimiento de sí mismo y del hombre en el medio en que vive y convive, promueve el estudio de la moral universal, de las ciencias, y las artes para alcanzar la fraternidad universal del género humano.

Hacia una espiritualidad sin dogmas

La semana que pasó estuve reunido con mis pares, miembros de la Asociación Racionalista del Paraguay (APRA), y conversamos sobre la limitación que producen los dogmas en el discernimiento del ser humano. Considero que el dogma y el pensamiento son dos caminos distintos, pero ambos se producen en la mente. El dogma, de cualquier tipo, religioso, político, social, es un sendero cerrado determinado absolutamente por la fe, es decir, creer sin ver, sin tener la capacidad de justificación o realización. Así, en el campo religioso un cristiano es o no es cristiano, no se puede concebir un medio cristiano. El dogma es absoluto o no es. En cambio es pensamiento, nuestra capacidad de discernir, es diferente.

Los librepensadores consideramos que el pensamiento es la cualidad más importante que tiene el hombre para progresar en todos los ámbitos de su vida. De esta forma, el razonamiento es un camino abierto, plural, deliberativo y por tanto adogmático. Sin embargo, a pesar de esta capacidad humana, cuando el hombre está sometido al miedo, no puede ser íntimamente libre ni generoso con los demás. Cuando tiene miedo, está totalmente privado de libertad y cerrado a los otros. Aquí se inicia el camino al sometimiento religioso. Los grandes maestros griegos, tanto de la tradición estoica como epicúrea, que son las dos grandes tradiciones griegas, decían a sus discípulos: “Mientras tengas miedo de la muerte, no podrás vivir una buena vida”.

La filosofía según el filósofo francés, autor de Aprender a vivir (Taurus), Luc Ferry, nació de ese miedo a la muerte, que con frecuencia no es solo miedo a la propia muerte sino también a la muerte de los seres queridos. Desde este punto de vista, las grandes filosofías, como la Masonería, son una opción frente a las religiones. En su obra, el ex ministro de Educación del gobierno de Chirac, demuestra que las filosofías son también doctrinas de salvación. Doctrinas de salvación laicas, sin dioses, pero capaces de liberar al ser humano de los miedos que lo acosan. Con este enfoque, la cualidad principal de la filosofía es enseñar al hombre a superar los miedos que le impiden vivir bien y desarrollar una espiritualidad laica. Ayudar al hombre a vivir mejor, más libre, despojado de vanos temores, cargando en el espíritu solo unas pocas verdades razonablemente adquiridas.

El desafío está en llevar la filosofía laica al terreno de la vida cotidiana. “Aprender a vivir, a dejar de temer en vano los diversos rostros de la muerte o, simplemente, aprender a superar la banalidad de la vida cotidiana, las preocupaciones y el tiempo que pasa, éste fue el primer objetivo de las escuelas de la Antigüedad griega. Merece la pena escuchar su mensaje, porque las filosofías del pasado nos siguen hablando”, escribe Ferry. Paso a paso el pensamiento modelará la existencia y estoy convencido que se puede aprender a vivir sin una doctrina religiosa desarrollando una sabiduría a medida.

Hay en nuestras vidas cosas que pasan para siempre: un divorcio, una mudanza, la pérdida de un empleo, la disputa con un amigo. Durante la vida hay experiencias de pequeñas muertes que nos hacen palpar lo irreversible del tiempo que pasa. Es algo muy angustiante. Una fórmula estoica para perder el miedo dice: “Sabio es aquel que lamenta un poco menos, que espera un poco menos y que ama un poco más”. Nietzche retomará esta idea y la llamará “la inocencia del devenir”. En pocas palabras, el sabio consigue reconciliarse con la vida cuando deja de relativizar el presente con los recuerdos del pasado o con las expectativas del porvenir.

En la angustia del ser humano es donde nace la idea de algún dios, éstos suelen ser una excelente respuesta a la incertidumbre del hombre, un dios que sea capaz de sacarlo de la situación en que se encuentra y conducirlo a un estadio de felicidad. Desde la antigüedad y aun en la actualidad no pocos seres humanos someten su vida al designio divino, esperando que ese dogma solucione su problema existencial. Este tipo de ser humano ignora que, como decía José Ingenieros (1877-1925), el hombre es el arquitecto de su propio destino y es su deber conocerse a sí mismo, deber que desde la antigüedad estaba escrito en la entrada del Oráculo de Delfos.

Ante el avance del pensamiento crítico, las bases del pensamiento religioso fueron fragilizadas por la presión del pensamiento racional. El espíritu crítico que nace con la democracia, con la Revolución Francesa, se basa en la idea de que es preciso cuestionar las tradiciones. Ese es el gesto de Descartes, de la Revolución Francesa y de todo el pensamiento moderno. Pero, según explica Luc Ferry en una nota publicada el sábado pasado en la revista de cultura del diario La Nación de Argentina, hay otra razón mucho más profunda. “La historia de Europa, de los Estados Unidos y de América Latina fue marcada por lo que Thomas Weber llamó “el desencanto del hombre” (el alejamiento de dios), no solo por el desarrollo del espíritu crítico, sino por una consecuencia inesperada de la aparición del capitalismo en los siglos XVIII y XIX.

Esta evolución, al alejarnos de la idea de dios y dejar de ser creyentes, no significa que las cuestiones de espiritualidad no nos interesen. No hay que confundir moral con espiritualidad. La moral es el respeto del otro, moral quiere decir derechos humanos. Cualquiera sea la moral que uno escoja, todas se basan en el respeto y la honestidad. Pero aunque uno sea perfectamente moral, respetuoso y honesto, igual seguirá estando expuesto a la muerte de sus seres queridos, a la vejez, o a tener un hijo con cáncer. El duelo, el sufrimiento, la enfermedad, la vejez, la separación son cuestiones que dependen de la espiritualidad.

Para Luc Ferry los tres grandes ejes de reflexión en torno al desarrollo de una espiritualidad laica y moderna (teoría, moral y doctrina de la salvación) se plantean en términos completamente inéditos. En el terreno teórico, la cuestión de fondo es la integración del campo histórico. Para comprender el presente, es necesario darse una vuelta por las experiencias del pasado. La teoría filosófica actual, asegura, debería organizarse un poco sobre el principio del psicoanálisis: comprender el pasado como medio de entender el presente. En el plano ético, la moral contemporánea está representada por la universalización del sentimiento humanitario. La globalización de lo humanitario ha hecho estallar el marco tradicionalmente nacional de los derechos humanos. En el terreno espiritual, el problema al que estamos enfrentados en la actualidad es la cuestión de la muerte, en todas sus formas, concluye.

El hombre tiene la potencialidad de ser mejor, de construirse en todos sus ámbitos, pero no de impedir su muerte. Ante esta situación, el ser humano debería concentrarse en concretar en la Tierra el máximo desarrollo moral, intelectual y espiritual, condición para que pueda alcanzar la felicidad en una humanidad fraternalmente organizada.

Particularmente la construcción de una espiritualidad laica surge de la reflexión de nuestra finitud en la Tierra, de la incapacidad a lograr la inmortalidad tal como conocemos la vida, y de colocar al ser humano como centro del universo, pues al final todo está contenido en la naturaleza y por el momento está comprobado que no existe nada fuera de ella. Así el hombre encuentra su estado divino, al formar parte del universo ya no necesita intermediación alguna para ser uno con él.

La espiritualidad no necesita del Papismo ni de toda su jerarquía para fortalecerse. Ellos constituyen la negación de la libertad en todas sus formas, son un sistema que pretende gobernar al ser humano por medio del espíritu, bajo un manto absolutista, el más contrario a la integridad espiritual y material del hombre.

Si el concepto de laicidad resulta incomprensible en el mundo anglosajón, tiene en cambio su traducción exacta en italiano, español y portugués. Ello se explica por la identidad religiosa de los países latinos, regidos durante largo tiempo por la religión católica, que aún ejerce una influencia cierta, y se vieron en la necesidad de tomar medidas conducentes a su emancipación.

La laicidad tiene dos acepciones esenciales: una social y otra filosófica. Pero posee también una dimensión espiritual.

Hija de las Luces, la idea laica, en germen durante los siglos XVI y XVII, se desarrolló durante el siglo XVII. Bajo la influencia de los masones de aquella época, se insertó el principio de la libertad de conciencia en el texto de la Constitución de los Estados Unidos, en 1787, antes de que fuera proclamado por la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, promulgara en Francia en 1789, de convertirse más tarde en universal. En ese sentido, el Concordato con Napoleón de 1806, limitó ya el poder de la Iglesia. En función de la intensidad de las fuerzas adversas, la laicidad ha tenido que ser, según los casos, combativa, incluso agresiva, defensiva o simplemente militante. Su edad de oro fue la III República Francesa. El hermano Jules Ferry, padre de Luc, hizo aprobar en 1882 la ley que establecía la gratuidad, la obligatoriedad y la laicidad de la instrucción pública.

La laicidad se ha convertido en una consigna que no puede comprenderse sino por oposición al clericalismo triunfante del siglo XIX, cuando la Iglesia trataba de dirigir los estados y de imponer directrices políticas cristianas. Para la mayoría republicana de comienzos del siglo XX, que contemplaba en Francia la separación de las Iglesias y del Estado mediante la ley de 9 de diciembre de 1905, no se trataba de ningún deseo de aplastar a las religiones, sino de limitar el poder de la Iglesia Católica, aliada de los monárquicos. La Ley de 1905 es explícita: “La República no reconoce (…) ningún culto (en particular)” (Art. 2). En lo sucesivo, no habría en Francia ninguna Iglesia con privilegios jurídicos y todas la Iglesias (presentes o futuras) son legales.

La laicidad es una facultad de carácter al mismo tiempo que una virtud moral y cívica, por ser nobles las cualidades de modestia, de sinceridad y de inteligencia que requiere. Siendo un principio moral, la laicidad es tolerancia y el respeto a los demás. Como signo de equilibrio interior, implica autonomía del pensamiento, sin recurrir a verdades tenidas por irrefutables e inverificables, como las que ofrecen las religiones. Se trata de una búsqueda leal y prudente de la verdad personal, al mismo tiempo que un esfuerzo sincero por reconocer en todo hombre una parte de la verdad, aunque sea un adversario. ¿No será, entonces, la laicidad uno de los aspectos del derecho a la diferencia, no limitado al color de la piel? Puesto que es una ética que respeta al hombre íntegramente, no puede dejar de respetar su ser interior en lo que tiene de más íntimo y, por ello no prohíbe ni la fe ni la oración. Más aún, no puede sino enriquecer, al tratar de comprender otras formas de pensamiento.

Por lo que respecta a la espiritualidad, ésta tiene también sus contrapartidas, como la consistente en negar la ciencia y tomar partido por lo irracional, confundiendo lo espiritual con lo irracional. Reconocer la existencia del Misterio es una cosa; pero pretendiendo alzar el velo que lo cubre se corre el riesgo de hundirse en lo sobrenatural, en la afición a adivinar, a los oráculos y a las demostraciones a posteriori, en cuantos casos el orgullo de unos pueda explotar la credulidad y la angustia de otros. El término “espiritualidad” ha sido desvirtuado y conserva una connotación religiosa, cuando, en realidad, no implica necesariamente adhesión a una religión, ni la impide.

La espiritualidad no es una escapatoria de la realidad, sino que emana de la búsqueda de lo que puede estar tras lo aparente, de una busca de la verdad, de una aspiración a lo absoluto. Consiste en una vinculación con los valores que tienden hacia lo infinito, lo sagrado; es la vida interior, la marcha personal hacia lo bello, lo bueno, lo verdadero.

Cuando hablamos de espiritualidad laica, quiero aclarar que no nos involucramos en el nivel de las creencias. Espiritualidad laica quiere decir espiritualidad libre, ¿Y en qué consiste? La fortaleza en el desarrollo de una espiritualidad sin dogmas viene de la valoración del amor y la compasión. El amor y la compasión, por ejemplo, no tienen por qué estar relacionados con una religión. La idea es que podamos vivir en armonía y convivir sin problemas. La cuestión fundamental es la construcción de una sabiduría del amor. Entender la vida como una eterna construcción

La ternura, el cariño, el afecto manifiesto en el tono de voz, en la mirada, en la caricia es el caldo de cultivo imprescindible para que se abran los corazones a la construcción de la vida. En nuestra educación muchas veces nos han enseñado a reprimir las emociones y los sentimientos verdaderos, y hay que desaprender, liberar el movimiento y el corazón, recuperar la sencillez y frescura para disfrutar un buen abrazo, y permitirse una caricia. El darla o solicitarla. El conocimiento de sí mismo es realmente ser espiritual. Conocerse, querer y quererse deben darse juntos para permitir una crecimiento en libertad y lograr una espiritualidad laica.

explicarDomesticosHogarescaninoscaninascaseropajaropajarera pajarerasgorrionesparaisosenfermedadescochecitosdelgadezanorexico anorexicarecuerdotramashonestohonestoslectores sociedadesmediospienso

Posted by libertad43 in 07:31:09 | Permalink | No Comments »

Las huellas de la creación de dios

Respetuoso del laicismo, de todas las creencias relativas a la eternidad o a la no eternidad de la vida espiritual, un artículo publicado la semana pasada en el suplemento cultural del diario argentino La Nacion llamó mi atención sobre la evolución del pensamiento en la idea de un ser supremo en el univierso.

Desde hace pocos años, algunos de los mejores científicos posdarwinianos están desplegando teorías sólidas sobre la imposibilidad de la existencia de algún dios. El debate ha cruzado todos los círculos académicos de Europa y Estados Unidos y ha llegado ya a la portada de los grandes diarios. Imposible cerrar los ojos. La mayoría de esos teóricos fundamenta sus ideas no solo en los males creados por la intolerancia religiosa (crueldades sin nombre, falaces promesas de eternidad como premio a la matanza de infieles) sino, sobre todo, en los últimos hallazgos de la biología y de la física y en las revelaciones sorprendentes que deparan las mudanzas de la naturaleza cuando se las estudia a la luz de la evolución de las especies.

Dos grandes libros que niegan la idea de algún dios han alcanzado rápida repercusión durante los últimos veinte meses. Ambos continúan la línea de investigación de Stephen Jay Gould, un biólogo de Harvard que murió en mayo de 2002 a los 61 años, luego de recopilar sus ideas en un tratado monumental, todavía no traducido al español, Estructura de la teoría de la evolución. El más notable de esos nuevos aportes es El espejismo de Dios (“The God Delusion”), escrito por un eminente catedrático de Oxford, Richard Dawkins, quien hace ya treinta años demostró en El gen egoísta que la vida es creación de genes capaces de cualquier hazaña para sobrevivir y prevalecer. Otra obra memorable es Dios no es grande (“God is not Great. How Religion Poison Everything”), de Christopher Hitchens, un intelectual famoso por la pasión con que abraza las causas que cree justas y las defiende sin medir las consecuencias. Si bien Hitchens comparte el ateísmo de Dawkins, su ensayo es más político que científico. Trata de entender hacia qué extremos de idiotez y crueldad puede conducir la fe ciega en un dios al que se invocó para alzar las hogueras de la Inquisición, asesinar a millones de seres humanos en Ruanda y cambiar el rumbo de la historia al destruir las Torres Gemelas.

La vigencia del librepensamiento
Hace apenas décadas, a la vuelta de la esquina de la historia, no habría sido posible escribir nada de esto. Dudar de la existencia de dios se castigaba con la mutilación, con la hoguera, con la esclavitud, con el destierro. El dios cristiano era el poder supremo, tanto en el orden espiritual como en el temporal, y los guardianes de ese ser se erguían como los cruzados de una verdad fuera de la cual nada era posible.

Esta semana terminé de leer La Puta de Babilonia, de Fernando Vallejo. Así llamaban los albigenses a la Iglesia de Roma, según la expresión del Apocalípsis. Este ensayo escrito de una vez, sin índice ni capítulos, saca a luz el voluminoso sumario de crímenes perpetrados en nombre de “Cristo” por su Iglesia desde el año 323 en que apoyada por el emperador Constantino pasó de víctima a victimaria. Con el correr de los años esta iglesia afianzó su poder mandando a la hoguera a quienes disentían de sus opiniones o se oponían a su dominio acusándolos de herejía, en tanto el Papa de turno juntaba bajo su triple tiara el poder temporal y espiritual, a la vez que se declaraba Pontífice Máximo y Vicario de Cristo en la Tierra.

Escrita con gran rigor histórico y académico esta obra de Vallejo desenmascara una fe dogmática que durante toda su historia ha derramado la sangre de hombres y los animales invocando la entelequia de un dios o la extraña mezcla de mitos del Oriente que llamamos Cristo, cuya existencia real nadie ha podido probar.

Aun hoy, existen regiones en las que impera la intolerancia religiosa y donde los no creyentes son no seres, criaturas sin voz y sin derechos, a los que se puede maltratar como a los animales. Y sin embargo, ignorar lo mucho que se está pensando ahora sobre la idea de algún dios y negar los argumentos que la biología y la física enarbolan para demostrar que ese dios no existe equivaldría a cerrar los ojos ante el nudo del que nacen los fanatismos, las crueldades, las torturas y los terrores de este comienzo de milenio.

En los manuales de teología, la idea del ser supremo aparece henchido de atributos abstractos: Alfa y Omega, el Verbo, la Esencia, la paradoja, el laberinto, el misterio, el círculo. En lenguaje cotidiano se lo nombra con abrumadora frecuencia, sin pensar en por qué se dice lo que se dice: “Si Dios quiere”, “¡Por Dios!”, “Dios no lo permita”, “Gracias a Dios”. Se supone que él está siempre al alcance de los reclamos humanos. De él provienen la compasión, el consuelo, la salud, el amor y, cuando nada de eso llega, cuando la vida es un infierno de sufrimientos, la responsabilidad nunca se le atribuye sino que es causa de la fatalidad.

Para millones de personas ese dios es todopoderoso, pero los males que suceden son obra del demonio o están allí para poner a prueba la fe de los hombres y hacerlos dignos de la vida eterna. ¿Existe, entonces? ¿Es una metáfora de las pasiones y los deseos? ¿La especie humana es un sueño de dios o dios es el sueño más antiguo de la especie? Solo los hombres imaginan a u dios. No hay dioses en los horizontes de la zoología ni de la botánica. Los gatos, los halcones y las montañas sagradas fueron imágenes de dios para algunas culturas, pero carecen de él. Así, este dios es todo, pero no es para todos.

Teocracias, como mal de la humanidad
En el prólogo de la edición argentina del libro de Michael Onfray Tratado de Ateología, quien fuera mi profesora en la universidad en Buenos Aires, Esther Diaz, asegura que un principio divino es sólo un conjunto de palabras. No hay entidad que lo sostenga, asegura. Más allá no hay nada, pero en este mundo, en la contundente realidad de la inmanencia existen pensamientos alternativos a la filosofía teocrática hegemónica. Existen sujetos alegres que aman la vida, hay materialistas, cínicos, hedonistas, sensualistas, dionisíacos. Ellos, tal como lo señala el autor del libro, saben que tenemos un mundo y que al negarlo nos arrojamos a la pérdida de su uso, disfrute y beneficio.

En esta obra Onfray se aboca a desmitificar a los tres grandes monoteísmos: el cristianismo, el judaísmo y el islamismo. Pero no arremete contra los creyentes, sino contra las “teocracias”. Propone que ingresemos en una era postcristiana, donde la humanidad no se someta a los valores morales propuestos por la religión, basados en la obedienia y la mortificación. Hedonista al fin, apunta a un paraíso en la Tierra.

También Nietzsche, en Ecce homo, apuesta a lo mismo. En el capítulo “Por qué soy un destino”, denuncia que el concepto de “dios” fue inventado como antítesis de la vida: concentra en sí, en espantosa unidad, todo lo nocivo, venenoso y difamador, todo el odio contra la vida. El concepto de “más allá”, sigue, de “mundo verdadero”, fue inventado con el fin de desvalorizar el único mundo que existe, para no dejar a nuestra realidad terrenal ninguna meta, ninguna razón, ningún quehacer. El concepto de “alma”, de “espíritu”, y, en fin inlcuso de “alma inmortal”, fue inventado para despreciar el cuerpo, enfermarlo, volverlo “santo”, para contraponer una espantosa despreocupación a todo lo que merece seriedad en la vida, a las cuestiones de la alimentación, vivienda, régimen intelectual, asistencia a los enfermos, limpieza, clima. En lugar de la salud, la “salvación del alma”, es decir, una locura circular que abarca desde las convulsiones de penitencia hasta las histerias de redención. El concepto de “pecado” fue inventado al mismo tiempo que su correspondiente instrumento de tortura, el concepto de “libre alberdío”, para abnubilar los instintos, con el propósito de convertir en una segunda naturaleza la desconfianza con respecto a ellos.

“Mi ateísmo se enciende cuando la creencia privada se convierte en un asunto público y cuando, en nombre de una patología mental personal, se organiza el mundo también para el prójimo. Porque de la angustia personal al manejo del cuerpo y alma del otro, hay un mundo en el que bullen, emboscados, los aprovechadores de esa miseria espiritual y mental. El hecho de desviar la pulsión de muerte que los martiriza hacia la totalidad del mundo no salva al atormentado ni modifica su miseria, sino que contamina el universo. Al querer evitar la negatividad, éste esparce a su alrededor, y además produce una epidemia mental”, escribe Onfray.

En su última obra La vida eterna, Fernado Savater se pregunta por qué hay quien cree en lo invisible como explicación final y orientación práctica para habérnoslas con lo visible? Argumenta que en la mayoría de los casos, muhos seres humanos se esfuerzan por tener creencias justificadas. Según explica Bernard Williams en Verdad y veracidad, “una creencia justificada es aquella a la que se lelga a través de un método, o que está respaldada por consideraciones que la favorecen no solo porque la hagan más atractiva o algo por el estido, sino en el sentido específico de que proporcionan razons para creer que es verdadera”.

Savater asegura que los parámetros científicos son el mejor método para adquirir creencias justificadas; sin embargo, una gran mayoría tiene algún tipo de creencia paranormal, es decir, que viola alguna regla o principio científico, sea de tipo religioso o profano. Agrega que la extensión y mejora la educuación hace por lo general disminuir el influjo de las creencias religiosas tradicionales.

La instrospección bien llevada logra alejar los sueños y delirios que nutren a los dioses. El ateísmo no es una terapia, sino salud mental recuperada de la programación religiosa que nos hacen desde el nacimento. El trabajo sobre sí mismo presupone la filosofía; no la fe, la creencia, ni las fábulas, sino la razón y la reflexión llevada a cabo de modo correcto. El oscurantismo, ese humus de las religiones, se combate con la tradición racionalista occidental. El buen uso del entendimiento, la conducción del espíritu según el orden racional, el empleo de una verdadera voluntad crítitca, la movilización general de la inteligencia y el deseo de evolucionar con fundamento son otras tantas maneras de alejar los fantasmas. De ahí, pues, surge el retorno al espíritu de las Luces que dio su nombre al siglo XVIII.

El iluminismo contra el dogma
Este movimiento constituyó el nuevo sistema filosófico que propuso ilustrar, con la luz de la humana razón, la realidad toda, combatiendo los errores y prejuicios que se atribuían en la Edad Media. Los líderes intelectuales de este movimiento se consideraban a sí mismos como la élite de la sociedad, cuyo principal propósito era liderar al mundo hacia el progreso, sacándolo del largo periodo de tradiciones, superstición, irracionalidad y tiranía (periodo que ellos creían iniciado durante la llamada “Edad Oscura”). Trajo consigo el marco intelectual en el que se producirían las revoluciones americana y francesa, así como el auge del capitalismo y el nacimiento del socialismo.

Varias son las causas que han contribuido al nacimiento de la ilustración. La filosofía se inspirará en el Racionalismo de René Descartes, Gottfried Leibniz y Baruch Spinoza y en el Empirismo de David Hume, John Locke y George Berkeley. La metafísica experimentará una gran crisis y quedará completamente desprestigiada tras la obra monumental de Immanuel Kant: Crítica de la razón pura, Crítica de la razón práctica y Crítica del juicio. Los filósofos enciclopedistas Denis Diderot, Voltaire, Jean Jacques Rousseau y Montesquieu renovarán el panorama intelectual que originará en los grandes progresos de las ciencias, que arrinconaron prejuicios y errores unánimemente admitidos. Voltaire atacará el clericalismo, mostrará las contradicciones de la religión, divulgará la ciencia racionalista de Newton, pondrá de moda la relatividad cultural y propugnará la tolerancia como el mayor valor ético. Rousseau divulgará la idea del pacto social y la necesidad de la división de los poderes legislativo, ejecutivo y judicial. Afirmará además que todos los hombres son iguales y es la sociedad la que le da el papel a cada uno. Después vendrá una segunda generación ilustrada, la de los llamados ideólogos, con figuras como Condillac, Condorcet, Volney, Destutt de Tracy, Holbach, Maupertuis, que terminarán por modificar la cultura. Añádase a todo esto las difíciles condiciones económicas y políticas que atraviesan casi todos los Estados de Europa a causa de las guerras político – religiosas.

La mujer y dios
Pepe Rodríguez publicó en marzo de 1999 un interesante libro que habla sobre el género de dios, Dios nació mujer. La documentada investigación que se plasma en este libro aporta respuestas coherentes a preguntas trascendentes y hará ver de otro modo a la mujer, al homobre y a la idea de dios. Explica que la mujer y el concepto de dios han sido fundamentales para el progreso de la sociedad, pero asegura que su historia difiere mucho de lo que nos han contado.
La mujer prehistórica no estuvo sometida al varón sino que, por el contrario, las comunidades de nuestros antepasados dependieron de su triple función como procreadora, organizadora y productorra.

Los conocimientos arqueológicos, históricos y etnográficos actuales demuestran, además, que desde que comenzamos a evolucionar como hominidos hasta el inicio de la era agrícola, el desarrollo de las estructuras psicosociales y de los adelantos técnicos que posibilitaron la civilización fue obra de mujeres.

La idea que hoy se tiene de un dios no existía hace unos 30.000, pero su concepto tomo vida y forma al tiempo que los humanos desarrollamos el pensamiento lógico-verbal, de hecho, bajo el proceso de adquisición del lenguaje por los niños subyace el sustrato del concepto de dios.

Las pruebas arqueológicas evidencian que el primer “dios” generador-controlador fue concebido y reconocido como mujer durante más de 20.000 años y que no hubo más divinidad que las gran diosa hasta que, entre los milenios VI y III antes de la era actual, por necesidades socioeconómicas, apareció el concepto de dios varón. La agricultura excedentaria provocó la derrota de la mujer y de la diosa a manos del varón y del dios; y la sumisión se impuso así en la tierra como en el cielo.

El ser supremo en la Masonería
Dentro de la Fraternidad la idea de un ser supremo está dada en el símbolo que se llama Gran Arquitecto del Universo (GADU). Para determinadas corrientes, el GADU representa al ser supremo cuya creencia e invocación en la práctica del rito son imprescindibles. Para otras corrientes, establecer la condición de la creencia en él supondría limitar la libertad de conciencia de sus miembros, por lo que no les exigen profesar ningún tipo de creencia. Así trabajamos desde la corriente liberal y progresista.
Los masones, como individuos, son en todo caso libres de darle el contenido que mejor se ajuste a sus creencias. Como todos los símbolos, proporciona un marco, pero su interpretación concreta corresponde a cada cual. Muchos consideran que el símbolo GADU es igual al dios creador crsitiano que determina a su voluntad los planos de la existencia. Para otros, simboliza la idea de un principio creador que está en el origen del universo, cuya naturaleza es indefinible. Hay por último masones, donde me inlcuyo, que, prescindiendo de cualquier enfoque trascendente, identifican al GADU con la sublimación del ideal masónico o que lo interpretan desde una perspectiva panteísta o naturalista
Posted by libertad43 in 07:29:26 | Permalink | No Comments »

Una tenida con Guadalupe Larriva

Fue una noche a finales de noviembre, el día 28, semana en la que estaba de visita por Ecuador para realizar una beca de estudio.

Invitado por el Past Gran Maestro de la Gran Logia Equinoccial del Ecuador estuve presente el día del lanzamiento del libro “Laicismo Vivo” que en su momento fue presentado en este espacio.

La obediencia celebró su vigésimo séptimo aniversario de levantamiento de Columnas, con una gran Tenida Blanca de Gala que contó con la asistencia de mas de 500 personas entre Hermanos Masones e invitados especiales.

Entre ese gran murmullo de hermanos estaba yo y desde el inicio me llamó la atención la actitud de Guadalupe (foto), a quien hasta ese momento no conocía.

Como mi anfitrión llegó sobre la hora, unos hermanos me la presentaron y de inmediato sentí todo el calor fraternal que caracteriza a un mason. Su actitud positiva, la seguridad en su hablar y comentario la hacían diferente.

Entre bajos comentarios, los hermanos y hermanas, comentaban que ella ocuparía un cargo en el nuevo gobierno de Corrales.

La hermana Guadalupe Larriva era una ex Venerable Maestro de la Gran Logia Femenina de Ecuador. En el breve tiempo que me tocó hablar con ella, comentamos sobre la situación de la mujer en la Masonería y particularmente la posibilidad de crear logias femeninas en el Paraguay.

La hermana se llegó al evento como invitada y disertante, pues el tema que convocaba a la reunión era harto dominado por Guadalupe. Entre los oradores para la presentación del libro estuvo ella. Habló sobre Mujer y Laicismo y despetó la admiración de muchos, también de mí.

Durante el momento del bridis intercambiamos tarjetas con la promesa de escribirnos sobre el tema que nos juntó, la mujer en la Masonería. Así pasaron casi dos meses hasta ocurrir la trajedia.

Fue una mujer socialista durante toda su vida y no ocultó su admiración por la revolución bolivariana del presidente venezolano, Hugo Chávez.

Según los primeros informes proporcionados por Juan Carlos Toledo, un portavoz del Gobierno, el helicóptero en el que viajaba Larriva chocó con otro alrededor de las 21:00 hora local (02:00 GMT del jueves).

Una hija de la ministra, Claudia Ávila, que la acompañaba en el viaje, también murió, al igual que los dos pilotos del helicóptero, precisó Toledo, sin dar más detalles.

Larriva, de 53 años de edad, nacida en Cuenca, llegó al Ministerio de Defensa la semana pasada, tras ser designada hace un mes por el presidente del país, el izquierdista Rafael Correa, que tomó posesión de la jefatura del Estado el pasado 15 de enero.

La ministra presidía el Partido Socialista Ecuatoriano-Frente Amplio, del que fue diputada en la anterior legislatura.

Antes de ser nombrada ministra, fue maestra del colegio “Manuel Córdova Galarza” de Cuenca en 1980 y catedrática de la Universidad de esa misma población desde 1981, en las asignaturas de Geografía Física, Geografía Rural y Geografía Política de Ecuador.

También dio clases de Ecogeografía, Ecología Humana, Realidad Latinoamericana y Ecuatoriana, Geografía de América, Geografía de Angloamérica y Localización Industrial.

Su actividad sindical también fue intensa como presidenta de la Unión Nacional de Educadores (UNE) en la provincia del Azuay, cuya capital es Cuenca, y miembro del Comité Ejecutivo Nacional de ese sindicato.

En polÍtica, fue candidata a alcaldesa de Cuenca, diputada por el Azuay, presidenta de la Comisión de Educación, Cultura y Deportes del Congreso, miembro de la Comisión de Derechos Humanos, Justicia y Políticas Carcelarias del Parlamento Latinoamericano y presidenta del Foro de Parlamentarias.

La propia Guadalupe Larriva se definía como “una persona nacida de las bases de las organizaciones sociales” y, por tanto, que sabía “la importancia que tienen las bases en la organización institucional”.

Al tomar posesión la semana pasada, anunció que en su administración fortalecería un proyecto de fronteras vivas, mediante la adopción de programas que colaboren con el desarrollo de la comunidad en las líneas divisorias con Colombia y Perú.

Hija de Deifilio Larriva y Teresa González, la ministra estuvo casada con Rodrigo Ávila, fallecido hace ocho años, con el que tuvo una hija, la ahora fallecida Claudia.

Laicismo, del feligrés al ciudadano

El fin de semana pasado, específicamente el sábado publiqué (ver foto) en el medio de prensa donde trabajo (www.ultimahora.com) un trabajo sobre el Laicismo, materia prioritaria de discusión en el objeto de trabajo de la masonería adogmática y liberal.

En sintonía con las capitales europeas, en el suplemento de cultura, llamado “Correo Semanal” apareció, por primera vez en Paraguay, un artículo que hace relación a la laicidad.

La semana pasada el hermano Víctor Guerra escribió para el medio español una nota titulada “El Gran Oriente de Francia, en Asturias“, donde se refirió al trabajo social que se encuentra desarrollando esa obediencia en España.

“…siguiendo su línea de trabajo de una sociabilidad en acción imbuida en el seno de un marco mas general como es la región asturiana, esta organización se hace patente a través de unos de los temas más candentes en el seno de la sociedad actual: el laicismo”, escribe el hermano.

El debate sobre Laicismo aun está pendiente en mí País, solo la Gran Logia Simbólica del Paraguay se ha preocupado por el tema fundando el ILEC Paraguay (Instituto Laico de Estudios Contemporáneos) del cual hablo en la nota que se presenta abajo.

Considero prioritario que la Masonería en el Paraguay, independiente de las obediencias, se ocupe del tema, emulando el ejemplo del Gran Oriente de Francia, donde su máxima autoridad, Jean Michel Quillardet, a requerimiento de la logia gijonesa, planteó publicamente el tema de “Laicismo y democracia”, un debate que se ha instalado en distintos ámbitos de la sociedad europea y que cada vez va ocupando más espacio en el mundo sin que los profanos sepan muy bien cómo afrontar tal posición tanto como ciudadanos o autoridades civiles y religiosas.

Ya en post anteriores hice referencia al tema que nos aboca, pero nunca está demás continuar profundizando en la materia, sobre todo entendiendo el laicismo como la batalla contra cualquier tipo de dogmatismo, sea político, social, económico.

Nota
Laicismo, del feligrés al ciudadano
Jorge Carvajal Munñoz llegó al país para una conferencia sobre el tema. Fue contundente: “Estamos en una etapa primaria del laicismo, en un momento en que la legislación está establecida, pero que la práctica y los hábitos son bien distintos”.

¿Qué es el laicismo? Para los lectores que no conocen el tema les comento que el Laicismo o Laicidad constituyó por más de 200 años el concepto fundamental sobre el cual se cimentaron los Estados modernos.

Desde la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, en 1789, hasta la Declaración de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas y las luchas anticolonialistas de la segunda mitad del siglo XX, la separación del Estado respecto de cualquier creencia religiosa cumplió con el objetivo central de permitir al ciudadano el ejercicio del libre albedrío y de su libertad individual.

Con el transcurso del tiempo el laicismo consiguió que el Estado no auspicie ni promocione creencia religiosa alguna, ya que en esa facultad del fuero interno, del espacio privado, no debe intervenir el poder público, sino más bien garantizar la libertad del culto de las personas.

Más este logro, base de la democracia actual, no es suficiente para superar profundos desequilibrios que acosan a la humanidad de nuestros días; pues hoy nos vemos abocados a luchar por los derechos llamados de segunda y tercera generación: los derechos económicos, ecológicos, la educación, la salubridad, y al uso apropiado del espacio público.

Estas inquietudes trajeron en diciembre de 2006 a Jorge Carvajal Muñoz para reflexionar sobre la urgencia de rememorar, revisar, y de ser necesario, actualizar la comprensión del laicismo; no únicamente como el principio jurídico que sustenta la separación de las iglesias y el Estado, sino como el conjunto de las más desarrolladas formas de convivencia social, con la misma fuerza e intensidad de hace 100 años, cuando se lo identificaba con el faro luminoso que nos condujo hacia mejores días.

Carvajal es el actual rector de la Universidad La República de Chile, presidente del Instituto Laico de Estudios Contemporáneos del mismo país. Es docente y ex Gran Maestro de la Gran Logia de Chile. Llegó al Paraguay por intermedio de ILEC Paraguay (Instituto Laico de Estudios Contemporáneos) para realizar una conferencia en torno al tema de la nota. Antes pasó por la redacción de Última Hora donde mantuvimos una entrevista.

El académico sostiene que la laicidad es un marco de relación en el que los ciudadanos y ciudadanas pueden entenderse desde la diversidad pero en igualdad y, por lo tanto, construir una sociedad mejor.

“La laicidad es garantía de respeto al semejante y de ciudadanía en la pluralidad, o dicho de otra manera la laicidad es factor de democracia, de participación, de unidad en la diversidad, de interculturalidad”, indicó.

Además agregó que desde la interculturalidad, la laicidad puede y debe generar las condiciones para que los ciudadanos decidan por sí mismos en un marco de dignidad, participen en la construcción de un país más justo y no permitan la imposición de tiranías, vengan éstas del poder económico, del poder político, del poder religioso, o lo que es peor de la concentración de poderes.

En la entrevista se despachó ante la influencia que aún tiene la Iglesia Católica en el Estado, como así también habló del desarrollo primario en que se encuentra el laicismo en esta parte del mundo. Fue contundente: “Estamos en una etapa primaria del laicismo, en un momento en que la legislación está establecida, pero que la práctica y los hábitos son bien distintos”.

La conferencia
El encuentro público para el que llegó Jorge Carvajal se realizó en el Congreso Nacional ante más de un centenar de personas.
Su disertación duró unos 40 minutos, tiempo exacto a mi gusto para este tipo de encuentros. En la exposición demostró su opinión educada sobre el tema.

Ayudado de una presentación en Power Point inició la disertación de bien abajo, indicando qué se entiende por laicismo, y a partir de ello fue avanzando, mostrando las diferencias con las religiones, aclarando en todo momento que la laicidad no está en contra de ellas sino que las contiene hacia el ámbito personal de cada persona.

Criticó con resperto la debilidad del laicismo en el Mercosur, colocando como ejemplo la situación chilena, unos de los países más avanzados en materia económica en la región, pero donde la Iglesia Católica ejerce una determinante influencia política.

A diferencia de sus anteriores presentaciones que se pueden encontrar en Internet, Carvajal aseguró que en Latinoamérica, por el momento, sólo existe un tipo de laicismo, aquel original que lucha por la separación del Estado de la Iglesia. Ante este estadio, aseguró que aún nos encontramos como en el siglo XVIII europeo, en medio de la lucha por la separación civil de la clerical.

A modo de conclusión afirmó que depende de cada uno hacer efectiva la materia legislativa que norma la laicidad de las repúblicas, pues recordó que el Estado estableció separarse de la Iglesia, pero no ésta de aquel.

ILEC Paraguay
Justamente el propósito de la venida de Carvajal fue para instalar y dar marcha al Instituto Laico de Estudios Contemporáneos con sede en Paraguay. Este organismo tiene representación en varios puntos de América del Sur, trabajando en conjunto con la Centro Action Laica (CAL) de Bélgica.

Según he conversado con sus directores, ILEC Paraguay tiene el propósito de establecerse como el principal referente en la materia, ofreciendo este tipo de encuentros, propiciando cursos de capacitación a los partidos políticos y realizando publicaciones, a modo de ir generando conciencia laica en la ciudadanía.

El instituto tiene mucho por ofrecer, pero en su cuadro dirigencial faltan mayores personalidades que hablen del tema. Por el momento se encuentra dirigido por un grupo de conocidos empresarios, economistas y políticos, pero me preguntó quién desarrollará los trabajos intelectuales que hacen al caso.

El laicismo hoy
El laicismo hoy más que nunca hace honor a su definición contra cualquier tipo de dogmatismo, sea político, social, económico. Pero al mismo tiempo, se define por ganar cada vez mayores espacios para la cultura de los ciudadanos

Posted by libertad43 in 07:27:30 | Permalink | No Comments »

Laicidad ante el avance clerical

Vamos a hablar una vez más de la Laicidad. Entiendo que en varias ocasiones en este espacio ya escribí al respecto, pero el tema da, debido a que las cosas, por lo menos en América Latina, no están del todo fácil para esta actitud ante la vida.

El fin de semana pasado estuvo por la capital paraguaya el hermano Jorge Carvajal Muñoz, rector de la Universidad La República, de Chile, past Gran Maestro de la Gran Logia de Chile y presidente de ILEC Chile, quien bajo los auspicios de los hermanos de la segunda Gran Logia Simbólica del Paraguay, llegó a Asunción para dictar una conferencia sobre la situación del laicismo en el siglo XXI.

Para promocionar el evento los hermanos junto a Carvajal estuvieron visitando los diferentes medios de comunicación y llegaron el viernes durante la mañana al multimedia donde trabajo .

En la ocasión le realicé una entrevista de unos 20 minutos donde se despachó ante la influencia que aún tiene la Iglesia Católica en el Estado, como así también habló del desarrollo primario en que se encuentra el laicismo en esta parte del mundo. Obviamente dialogamos en torno a los valores, tipos y desafíos de la laicidad en América Latina.

El hermano Carvajal fue contundente: “Estamos en una etapa primaria del laicismo, en un momento en que la legislación está establecida, pero que la práctica y los hábitos son bien distintos”.

Le doy la razón. Por lo menos en el Paraguay la influencia que tiene la Iglesia hacia el Estado es determinante, por lo menos inferior a décadas pasadas, pero aún constituye un marcador de pautas civiles. Un ejemplo: Un obispo emérito desea presentarse a las elecciones presidenciales de 2008. La Constitución Nacional de 1992 prohíbe a los ministros de la iglesia tal posibilidad; sin embargo, el prelado ya tiene fundador su movimiento político y son legión quienes estarían dispuestos a votarlo.

Ante esta realidad, Jorge Carvajal, durante la entrevista, manifestó que la medida es bastante llamativa y destacó que la misión de los clérigos es salvar la vida, pero la del más allá; a la del presente se dedican los políticos y la sociedad civil.

La conferencia
El encuentro para el que llegó el hermano se realizó en el mismo Congreso Nacional, considero que gracias a la gestión del gran maestro de la obediencia, quien trabaja como legislador en representación de un partido opositor.

La disertación del hermano duró unos 40 minutos, tiempo exacto a mi gusto para este tipo de encuentros y al decir de mi esposa, profana en la materia, en su exposición de demostró la habilidad de Carvajal sobre el tema.

Ayudado de una presentación en Power Point inició su disertación de bien abajo, indicando qué se entiende por laicismo, y a partir de ello fue avanzando mostrando las diferencias con las religiones, aclarando en todo momento que la laicidad no está en contra de ellas sino que las contiene hacia el ámbito personal de cada persona.

Criticó con una opinión educada la debilidad del laicismo en la zona, colocando como ejemplo la situación chilena, unos de los países más avanzados en materia económica en la región, pero rezagado sobre el tema tratado.

A diferencia de sus anteriores presentaciones, Carvajal aseguró que en Latinoamérica por el momento sólo existe un tipo de laicismo, aquel original que lucha por la separación del Estado de la Iglesia. Ante este estadio, aseguró que aún nos encontramos como en el siglo XVIII europeo, en medio de la lucha por la separación civil de la clerical.

A modo de conclusión afirmó que depende de cada uno hacer efectiva la materia legislativa que norma la laicidad de las repúblicas, pues recordó que el Estado estableció separarse de la Iglesia, pero no esta de aquel.

Un público desinformado
Unas cien personas participaron del encuentro. Lastimosamente en el momento de las preguntas, las cuestiones fueron muy básicas y reiterativas de la exposición del hermano, situación que demuestra la falta de formación de algunos hermanos sobre la laicidad.

En su mayoría los presentes fueron masones, varones. Mujeres estuvieron dos: una legisladora y mi esposa. Considero que este tipo de encuentros debería ser propicio para la mayor apertura hacia la sociedad, porque de lo contrario se vuelve una reunión de logia, donde quien más quien menos sabe del tema que se habla.

También se demostró una falta de consideración de los hermanos de las otras obediencias masónicas del Paraguay, actitud que demuestra y pone en evidencia el separatismo que existe en la Masonería paraguaya. Por más que noté más de un rostro que se planteaba qué yo estaba haciendo en su evento, considero que seremos más fuertes si en este tipo de actividades trabajamos en conjunto, dejando de lado los papeles de regularidad.

ILEC Paraguay
Justamente el propósito de la venida del hermano Carvajal fue para instalar y dar marcha al Instituto Laico de Estudios Contemporáneos con sede en Paraguay. Este organismo tiene representación en varios puntos de América del Sur, trabajando en conjunto con la CAL de Bélgica.

Por el momento su sitio web está aun de baja, pero según he conversado con sus directores ILEC Paraguay tiene el propósito de establecerse como el principal referente en la materia ofreciendo este tipo de encuentros, propiciando cursos de capacitación a los partidos políticos y realizando publicaciones, a modo de ir generando conciencia en la ciudadanía.

Estaré expectante ante el desarrollo del instituto pues tiene mucho por ofrecer, pero en su cuadro dirigencial falta mayores personalidades que hablen del tema. Por el momento se encuentra representado por un grupo de hermanos empresarios y políticos, pero me preguntó quién desarrollará los trabajos intelectuales que hacen al caso.

El laicismo hoy, más vigente y con nuevos desafíos

A comienzos de diciembre estuve de visita en Quito (Ecuador) para participar de un seminario sobre los desafíos del Periodismo digital. En la ocasión aproveche la oportunidad para estrechar mis lazos fraternales con los hermanos del Oriente.

El segundo día de mi provechosa estadía compartí una tenida blanca con los hermanos de la Gran Logia Equinoccial del Ecuador, quienes me acogieron fraternalmente y me invitaron a participar del lanzamiento del libro “Laicismo Vivo”, cuyo tema se debe esta nota.

La tenida se realizó en el Hotel Milton Colón y para mi sorpresa y agrado me encontré con las hermanas de la Gran Logia Femenina de Ecuador con quienes compartí mis deseos para que la obediencia se habilite en el Paraguay.

El encuentro tuvo todos los elementos para calificarlo de excelente, sobre todo por el coraje, por lo menos en América Latina, de los hermanos, incluido yo, quienes portamos nuestros mandiles en pleno acto público.

La tenida blanca se organizó en conmemoración de un aniversario más de la GLEE y para presentar el libro “Laicismo Vivo”. No escribí sobre el presente con anterioridad pues me encontraba leyendo el libro que gentilmente me obsequió el Past Gran Maestro.

La publicación se encuentra editada por la obediencia citada y pretende resumir los primeros 100 años de Laicismo en el Ecuador (1906-2006) presentando los desafíos que están por venir y los que vivimos actualmente.

Laicismo, una definición
Para los lectores que no saben sobre la materia les comento que el Laicismo o Laicidad constituyó por más de 200 años el concepto fundamental sobre el cual se cimentaron los Estados modernos. Desde la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, en 1789, hasta la Declaración de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas y las luchas anticolonialistas de la segunda mitad del siglo XX, la separación del Estado respecto de cualquier creencia religiosa cumplió con el objetivo central de permitir al ciudadano el ejercicio del libre albedrío y de su libertad individual.

Con el transcurso del tiempo el laicismo consiguió que el Estado no auspicie ni promocione creencia religiosa alguna, ya que en esa facultad del fuero interno, del espacio privado, no debe intervenir el poder público, sino más bien garantizar la libertad del culto de las personas.

Más este logro, base de la democracia actual, no es suficiente para superar profundos desequilibrios que acosan a la humanidad de nuestros días; pues hoy nos vemos abocados a luchar por los derechos llamados de segunda y tercera generación: los derechos económicos, ecológicos, la educación, la salubridad, y al uso apropiado del espacio público.

Estas inquietudes conducen a los masones a reflexionar sobre la urgencia de rememorar, revisar , y de ser necesario, actualizar la comprensión del laicismo; no únicamente como el principio jurídico que sustenta la separación de las iglesias y el Estado, sino como el conjunto de las más desarrolladas formas de convivencia social, con la misma fuerza e intensidad de hace 100 años, cuando se lo identificaba con el faro luminoso que nos llevaría hacia mejores días.

En la medida en que el laicismo sirvió para apuntalar el ejercicio de libertad de conciencia, este principio se ha identificado con el más profundo motivo de existencia de la Masonería que fundamenta su práctica filosófica en la necesidad de ser seres humanos libres.

El libro
El libro aborda temas afines al laicismo, tratando de enmarcarlo históricamente en Ecuador y el mundo, desde los más variados puntos de vista, como por ejemplo, desde la democracia, el espacio público, las discriminaciones (en particular de la mujer), los acontecimientos que han conmocionado a la humanidad en los últimos años, la educación, la política como derecho ciudadano, la economía y otros ítems.

El ensayo está escrito por destacados pensadores de Ecuador y de otros países, quienes contribuyen en cada capítulo su palabra ilustrada en el desarrollo de los importantes temas. El libro tiene una presentación descentralizada donde cada tema es único, es decir son pequeños ensayos en un libro de ensayo.

Laicismo Vivo es el inicio de una serie de publicaciones que planificaron realizar en el marco de nuestros ideales de libertad, igualdad y fraternidad, valores que guían nuestra acción. Por ello, según destaca el Gran Maestro en su presentación, buscarán publicar otros temas relacionados fundamentalmente con los derechos humanos, protección y equilibrio ambiental, anticorrupción, siempre con la idea de contribuir a formar mejores personas y mejores ciudadanos.

El laicismo hoy
El laicismo que hoy tenemos que enarbolar no puede ser el mismo que defendieron los precursores. Las condiciones cambiaron, los desafíos son diferentes. La realidad que vivimos es otra muy distinta. Sin duda, la libertad, la igualdad y la fraternidad que anhelaban los revolucionarios de París de fines del siglo XVIII, estaban muy lejanas de lo que nosotros entendemos hoy por libertad, igualdad y fraternidad.

La aproximación ética a aquella realidad se daba a través de concepciones que marcaban la moral de la época. Y esa ya no es la nuestra. Sin embargo, seguimos luchando por la libertad, por la igualdad y la fraternidad. Hoy, la perspectiva del laicismo es mucho más amplia. Y no es porque el valor haya cambiado; fue su contenido, el ámbito de acción el que varió.

El laicismo hoy más que nunca hace honor a su definición contra cualquier tipo de dogmatismo, sea político, social, económico. Pero al mismo tiempo, se define por ganar cada vez mayores espacios para la cultura de los ciudadanos.

La Masonería tiene en el laicismo un puente que permite avizorar respuestas sociales más adecuadas a los requerimientos de la población. Esto es especialmente válido en la actualidad, cuando tenemos que pronunciarnos como individuos, cada uno de nosotros, ante lo que se nos presenta como una propuesta del porvenir. Tenemos que tomar alguna opción frente a los efectos que tiene para el humanismo el desarrollo de la globalización.

Es el laicismo el que nos permite abrigar esperanzas al prepararnos para un caminar que no será fácil, pero que es deber de los masones

AbuseEstadisticaVírgenes negrasVínicolaTintosCrianzas CrianzaReservaVendimiaBarandaPintas BotellaBotellasVitivinicolaVitivinicolasPlagasVadebacusBarrica BarricasRacimoRacimosPolvosQuesosRiojasMedina del CampoCatador TabernasGarnachasCorcho

Posted by libertad43 in 07:26:18 | Permalink | No Comments »

La vigencia del laicismo

Ante todo reciban una disculpa por no actualizar el blog en estos días. La próxima semana viajo a Ecuador a participar de un curso sobre periodismo digital y como será la primera vez que visitaré el país, estuve buscando información al respecto y además aproveché la ocasión para investigar sobre el estado de la Masonería en Ecuador. Me enconté con un artículo bastante interesante que habla de la vigencia del laicismo en las sociedades, sobre todo las latinoamericanas quienes tienen gran raigambre clerical. Sobre el tema presentarán

un libro el 28 de noviembre

en una tenida Blanca. Al regreso les comento, por de pronto les invito a conocer más de cerca la vigencia del laicismo.

El tema del laicismo constituye una de las más importantes preocupaciones de la Masonería a nivel mundial. Al analizarlo en su III Congreso Masónico Nacional realizado en abril de este año, la Masonería ecuatoriana decidió profundizar en el concepto y los contenidos del laicismo, y en su aplicación en la realidad actual en la construcción de la equidad. En este Congreso se discutió y trabajó sobre la relación del laicismo con la educación, la democracia y la religión.

Estas reflexiones motivaron a la Gran Logia Equinoccial del Ecuador (GLEDE) a organizar un análisis sistemático y profundo del laicismo, para internalizarlo en la conciencia de los masones y trabajar para inducirlo con más fuerza en la sociedad ecuatoriana con el fin de “lograr un equilibrio social”.

Para los masones la “laicidad” es un marco de relación en el que los ciudadanos y ciudadanas pueden entenderse desde la diversidad pero en igualdad y, por lo tanto, construir una sociedad mejor.

La laicidad es garantía de respeto al semejante y de ciudadanía en la pluralidad, o dicho de otra manera la laicidad es factor de democracia, de participación, de unidad en la diversidad, de interculturalidad.

Desde la interculturalidad, la laicidad puede y debe generar las condiciones para que los ciudadanos decidan por sí mismos en un marco de dignidad, participen en la construcción de una país más justo y no permitan la imposición de tiranías, vengan éstas del poder económico, del poder político, del poder religioso, o lo que es peor de la concentración de poderes.

El chileno Enrique Silva en un trabajo sobre Masonería y laicidad presentado en la Gran Logia de la Masonería de Chile hace un año, dice que el nacimiento del laicismo está marcado por la necesidad de evitar que el manejo de la sociedad, a través del Estado, quedara sumido bajo arbitrio confesional. Quienes enarbolaron por primera vez las banderas del laicismo lo hicieron respondiendo a la urgencia de impedir que la cuestión social fuera sometida por la visión dogmática. Y el propio nombre del laicismo obedece a subrayar la calidad laica, sin conexiones con instituciones religiosas, que debían tener aquellos que manejaban las cuestiones públicas. “Desde las luchas que se iniciaron por allá por la segunda mitad del siglo XIX, hemos recorrido largo trecho. Sin embargo, el atractivo del poder obnubila constantemente a quienes, por abrazar una fe, creen poseer la verdad, y desean ejercer la influencia religiosa sobre las sociedades”, comenta Silva.

Por su parte el Presidente de Uruguay, Tabaré Vázquez, decía en una ponencia presentada ante la Gran Logia de la Masonería del Uruguay en 2005 que se va contra el laicismo “cuando se impone a la gente”, pero también “cuando se priva a la gente de acceder al conocimiento y a toda la información disponible”.

Años antes, en agosto de 1971 en la Gran Logia de Colombia, otro masón y socialista, el ex presidente chileno Salvador Allende decía que “los hombres sin ideas arraigadas y sin principios, son como las embarcaciones, que perdido el timón, encallan en los arrecifes”, y agregaba que no pedería el timón de sus “principios masónicos”. Además reivindicaba la necesidad de que los pueblos deben “vivir el contenido de palabras tan significativas y que constituyen la tríada de los fundamentos masónicos: Fraternidad, igualdad y libertad”. “Hemos sostenido que no puede haber igualdad cuando unos pocos lo tienen todo y tantos no tienen nada. Pensamos que no puede haber fraternidad cuando la explotación del hombre por el hombre es la característica de un régimen o de un sistema. Porque la libertad abstracta debe dar paso a la libertad concreta. Por eso hemos luchado. Sabemos que es dura la tarea y tenemos conciencia de que cada país tiene su propia realidad, su propia modalidad, su propia historia, su propia idiosincrasia. Y respetamos por cierto las características que dan perfil propio a cada nación del mundo y con mayor razón a las de este Continente. Pero sabemos también, y a la plenitud de conciencia, que estas naciones emergieron rompiendo el correaje por el esfuerzo solitario de hombres que nacieron en distintas tierras, que tenían banderas diferentes, pero que se unieron bajo la misma bandera ideal, para hacer posible una América independiente y unida. La historia nos enseña que unas pocas Logias, como las Lautarinas, fueron la semilla y la simiente de las luchas emancipadoras”, argumentaba Salvador Allende.

La integración suramericana que se viene gestando desde hace algún tiempo y que ha comenzado a profundizarse con la instalación de algunos gobiernos progresistas en América del Sur, puede ser un factor de unidad real de los pueblos, si se basa en el laicismo, en la interculturalidad. La integración no es de forma sino de espíritu y propósitos, decía el libertador y masón Simón Bolívar, y está íntimamente ligada a la construcción de un Nuevo Ser latinoamericano. Un ser dueño de sí mismo, capaz de conducir su propio destino como señalara el revolucionario independentista uruguayo José Artigas, también fue masón.

Hugo Noboa, quien ha estudiado sobre el laicismo en Ecuador, asegura que en el país las ideas de independencia nacional, libertad de pensamiento y expresión, tolerancia política y religiosa, laicismo, son caminos trazados desde la guerra de la independencia, alcanzan una expresión muy alta en el gobierno de Eloy Alfaro. “Sin embargo, aun en el presente podemos decir que siguen constituyendo una utopía. Dicho de otra manera, todavía no ha entrado en plena vigencia el Estado secular. Si bien, el liberalismo logró consolidar viejas aspiraciones como la abolición de la inquisición y de instituciones feudales como el concertaje, además de otras conquistas como la escuela pública o la libertad de imprenta, en materia de democracia no pudo o no pretendió cambios más importantes”, asegura Hugo Noboa.

Enrique Silva explica que si bien la Constitución Masónica no señala al laicismo como uno de sus principios “hace mención a sus componentes esenciales al definirse como “centro de unión para los hombres de espíritu libre”, al exaltar “la virtud de la tolerancia”, al rechazar “toda afirmación dogmática y todo fanatismo”, al propugnar “la justicia social”, al combatir “los privilegios y la intolerancia”, al señalar que “practica la solidaridad humana” y “respeta la opinión ajena y defiende la libertad de expresión”.

El martes 28 de noviembre, a las 19 en el Hotel Colón de Quito, al cumplir 27 años de haber levantado columnas, como se describe en lenguaje masónico la fundación de una logia o una gran logia (reunión de logias en una geografía determinada), la Gran Logia Equinoccial del Ecuador presenta un libro sobre laicismo en una Gran Tenida Blanca, evento en el que puede participar mediante invitación gente que no pertenece a la Masonería , y que promete ser un punto de partida para el debate sobre el tema, en un momento en el que vuelven a mostrarse en el país rasgos de intolerancia política, religiosa y cultural desde algunos sectores de poder.

 

El masón ante su entorno social


Para definir al masón de hoy partiré de aquel que asiste a una logia en donde se busca conformar al hombre de hoy y de mañana, y en donde la energía motora que mueve las grandes obras humanas, circula por la aportación de hombre libres y de buenas costumbres, que buscan practicar la hermandad y el cambio hacia el progreso humano y espiritual de quienes le rodean.
Al definirlo así, de paso estoy dando elementos para entender a ese gran prisma que es la masonería, la cual, al igual que un diamante, cada uno de sus miembros la observa y busca desde cada una de sus múltiples caras, así entonces, estoy hablando de un crisol donde se mezclan los caracteres y criterios más disímiles, lográndose de esto las aleaciones que un mundo como el actual requiere para satisfacer la creciente necesidad de líderes.

Shakespeare no sin razón dijo: “si has visto a un hombre, has visto gran cosa” y precisamente creo que el valor de nuestra Augusta Institución es que a través del estudio y la práctica consciente, da los elementos para ser cada día mejor como medio a influir positivamente en la sociedad.

Los masones de hoy, como los de siempre, son hombres de carne y hueso, que respiran y que tienen un gran cúmulo de defectos y de virtudes y precisamente es la fuerza de voluntad para devastar esas imperfecciones y multiplicar el efecto bienhechor de sus cualidades, lo que siempre ha distinguido a este género de hombres por sobre los demás.

En un Paraguay en donde contrastan la opulencia y la miseria, en donde la justicia es clamada por muchos, en donde los problemas económicos pesan cada día más sobre la clase media y baja que sobrepasan el mayor porcentaje de la población, en donde la corrupción es la madre de gran parte de nuestras dificultades, en donde mientras el aparato gubernamental habla de confianza y de un mañana mejor, la realidad no siempre lo demuestra, es ahí, donde la masonería tiene enclavados a sus hombres, enfrentando el reto del dictado de su conciencia.

El masón moderno es un hombre comprometido con su época, no importa la posición social, ni el lugar en donde se encuentre, ya sea desde una oficina, una fabrica, una escuela, un campo de cultivo, o un mostrador, el busca con su ejemplo que virtudes como la fraternidad, la justicia, la honradez, el trabajo, el estudio, el orden, la verdad, reinen entre quienes le rodean.

Es cierto y estimulante saber que en nuestra orden han habido hermanos que con sus obras han ayudado al progreso de la humanidad, de ellos hay que imitar su entereza, su perseverancia, su valor para enfrentar su posición e ideales ante sus detractores.

A ellos debemos tenerlos como ejemplo perenne de lo que podemos llegar a ser, pero también hay que recordar que entre nosotros han habido quienes han frenado ese progreso, de ellos en lugar de avergonzarnos y ocultarlos en lo más recóndito de nuestra memoria histórica, debemos conocer sus obras y analizar sus errores, eso también es valiosa enseñanza, pues nos enseñan a conocer caminos erróneos que hay que evitar.

Y ya hablando del presente, cuando de nosotros no nos hemos quejado alguna vez de esos hermanos que dentro de nuestra organización han extraviado sus instrumentos de trabajo y lejos de comprenderlo arremeten contra el bienestar interno sin darse con ello cuenta que están destruyendo lo que dicen amar, de ellos también debemos aprender para no ser así, ni dejar que quienes ingresan a la orden sean fácil presa de su mal ejemplo, sólo acorralándolos con organización, trabajo y armonía una logia puede proseguir su noble función generadora de positivas influencias.

Aquí de nueva cuenta surge al tema de ese potente juez que debe guiar la orden del masón y que es la conciencia, definida ésta como la capacidad intuitiva, sujeta a desarrollo y perfección por medio del raciocinio y la experiencia, que nos permite conocer el bien que debemos hacer y el mal que debemos evitar para conservación del individuo y de la especie humana. Es evidente que en cualquier individuo ésta minimamente funciona a dos niveles: el individual y el colectivo que en otras palabras son el “yo” y “los demás”.

Dependiendo de la escala de valores de cada individuo, ambos pueden ser preponderantes:
Para quienes están sujetos a una angustia continua por sobrevivir o por dominar a quienes le rodean, el nivel “yo” es lo más importante, y salvo excepciones, considero que se trata de espíritus poco evolucionados que poco han hecho por avanzar.

El segundo grupo, personas que tienen en primer plano la conciencia colectiva (el “los demás”), considero son los que la humanidad requiere para progresar hacia la satisfacción de sus necesidades.

De ellos hay menos, pero que orgullo para la masonería si la mayoría obráramos haciendo un uso consciente de nuestra inteligencia para el bien de nuestra comunidad, con ello la justicia encumbraría mayores alturas en la mente de los demás.

Gente que piensa en el nivel “de los demás” es lo que la masonería requiere para responder a las necesidades del mundo, si solemos en orgullecernos de lo que han hecho los grandes masones por la humanidad y por el papel que ha jugado nuestra orden en la historia del hombre, mejor enorgullezcámonos actuando y permitiendo que ese presente que hoy vivimos, que es el futuro del ayer, sea mejor, porque la presunción no basta, hay que obrar en consecuencia, ¿de que le sirve a la masonería alguien que no estudia, que no une la acción a los ideales?, ¿de que le sirve alguien que en lugar de ayudar a progresar a los demás, busca frenarlos?, ¿de que le sirve alguien, que, cuando habla de masonería declama los más bellos y sublimes pensamientos sobre ella, si es abrumado por el peso de su mal proceder?

Incluso, buscar recuperar la preponderancia histórica de la masonería por buscarla, quizá no tenga caso alguno, es mejor preocuparnos por cerrar filas y hacer de nuestras logias un ejemplo viviente de eso que proclamamos, así y solo así, por efecto mismo de un ambiente favorable, los masones que en ellas se desarrollen serán cada día mejores hombres, mejores padres, mejores líderes, así y sólo así, sin buscar el fin, sino trabajando sobre los medios, la fraternidad será reconocida y elogiada por quienes han sido beneficiados a través de las obras de sus miembros.

Un grave problema de muchas de nuestras logias es facilitar el ingreso de todo aquel que ha sobresalido en el ámbito social, económico o político, sin analizar como lo ha hecho y como lo está haciendo, esa gente sólo trae un beneficio inmediato, que pronto se diluye ante su público comportamiento, contrario a un verdadero proceder masónico resultando que lo único que se gana es acrecentar la negra idea popular de que la masonería está integrada por poderosos sin escrúpulos que lo mismo matan a los que ser alejan de ella, como son corruptores de todo orden establecido.

No. hermanos mejor luchemos por la imagen de nuestra Orden sea la de una fraternidad bienhechora y amante del progreso y que en lugar de recibir recompensas de las masas, reciba su admiración y respeto.

¿Como hacerlo? quizá esto no sea fácil, pero si no luchamos conscientemente por ello jamás lo lograremos; sólo proyectando al exterior gente formada con conceptos éticos bien definidos podremos hacerlo; y, para ello es de primordial importancia un análisis de conciencia sobre que somos y que queremos ser.

Si somos pusilánimes, temerosos, faltos de amor por el estudio y el análisis libre y critico de cuanto nos rodea, lo único que podemos producir es una masonería floja y apática que no aporte nada al progreso de su entono social.

Pero si decidimos ser estudiosos y aplicar ese estudio y superación a nuestras vidas, selectivos con nuestros candidatos para poder formar en ellos una conciencia de servicio y amor a los demás, tener presente que ante una responsabilidad social debemos actuar como masones ayudando a construir el gran edificio de la humanidad, sólo así estaremos haciendo una masonería fuerte y respetada.

Otro problema que se respira en algunas logias es la queja de los aprendices de que no todos los maestros de su taller son eso: maestros.

Eso ha sucedido porque un importante porcentaje de los masones nos preocupamos por coleccionar grados, más por vanidad que por amor al estudio, y sólo somos aplicados en la lectura cuando se busca llegar a compañero o maestro o ascender en los grados filosóficos.

Pero ya teniendo el grado respectivo jamás se vuelve a tocar un libro, por desgracia aún es frecuente ver a esos maestros que ocultan su ignorancia en la tan trillada frase “eso no es de tu grado, cuando llegues lo sabrás” y, ¿que pasa cuando uno llega? Se encuentra con un ambiente de poca profundidad intelectual.

De nueva cuenta se encuentra ante nosotros ese juez infalible que es la conciencia, y me pregunto siendo yo así, ¿puedo acaso aportar algo para que la masonería sea sana y fuerte?

Estoy seguro que la mayoría de los que la presente lean, han brincado esos escollos durante su estancia en la institución, y creo que estando conscientes de nuestras deficiencias humanas, a nosotros nos corresponde el reto de hacer una masonería competitiva.

Por ejemplo: ¿Cuándo se nos ha ocurrido estudiar profundamente como se comportan otros actores sociales y otras fuerzas reales, como los clérigos y ministros de muy diversos cultos; casi siempre satélites del exterior? No acaso será fructífero hacer un análisis formal del éxito de estas instituciones como rectoras sociales, que contentarnos lanzando quejas sobre su dañino proceder.

Como podemos frenar el efecto mediatizador de estas organizaciones si no tenemos ni un proyecto más claro como institución, ni actuamos individualmente como gente libre y de buenas costumbres.

Para concluir mi planteamiento diré que la masonería, siendo una fraternidad que busca edificar el gran templo de la humanidad, requiere que el masón sea un hombre más activo y comprometido con su época, que busque con afán hacer una sociedad más culta. Eso lo logra perfeccionándose día con día, con la finalidad de obtener la fuerza suficiente para crear lo que sea necesario y cambiar lo obsoleto, buscando conscientemente el bien de su medio, su país y su mundo.
Posted by libertad43 in 07:24:53 | Permalink | No Comments »